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I Domingo de Adviento A

Año XXXIV – Número 1 – Ciclo A – 2 de diciembre de 2007

DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO
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ADVIENTO

“Daos cuenta del momento en que vivís”: ¡es Adviento! Un año más iniciamos este tiempo en el que la Iglesia nos invita a la espera, a prepararnos para la venida del Mesías, de nuestro Salvador, de Jesús de Nazareth. Ante esta invitación podemos pasar de largo, enredadas en todos los quehaceres cotidianos, o pararnos y tomar conciencia del momento que vivimos. El Adviento es, precisamente, esto, una nueva oportunidad. Una nueva oportunidad para el encuentro con Jesús. Jesús es lo mejor del Adviento. El Adviento es una carrera hacia Jesús y, a la vez, tenemos que decir que es Jesús quien corre hacia nosotras. Esperar es trabajar para que el sueño y el deseo se realicen. Esperar es poner en movimiento todas nuestras capacidades para conseguir lo deseado. Somos lo que esperamos.

Pero, tal vez, en el fondo de nosotras mismas se anide el miedo. Miedo al esfuerzo, a la carrera; miedo a estar, sin más, a la espera y a la escucha; miedo a lo imprevisto que no controlamos; miedo a que Jesús se deje sentir y que, efectivamente, sea El. Dos clases de miedos podemos concretar ante el encuentro: miedo a que Jesús sea una fantasía y miedo a que sea El. El primero es el miedo a la ilusión, que se desvanece; el segundo, es el miedo al encuentro con la verdad misma, que nos interpela. “No tengáis miedo”, dice Jesús a los discípulos, “no tengáis miedo que soy yo”. Y respondió un discípulo: “Si precisamente eso es lo que me da miedo, Señor, que seas Tú”. Es el miedo a quedar a solas ante la Presencia que nos envuelve y habita.

Sin embargo, el encuentro es parte del código genético de la persona cristiana. Encuentro es la creación y lo es la encarnación. Implica todo nuestro ser ya que nos coloca en los límites de las fronteras donde sentimos la urgencia del encuentro. El verdadero encuentro, el que nace del amor, nos expone al riesgo. El encuentro con Jesús tiene fuerza de comunión y de transformación porque se convierte en un nuevo comienzo y en un diferente modo de comprender las cosas. El encuentro con Jesús cambia nuestra vida, estimula, provoca, exige…

El encuentro se da desde la gracia pero también se prepara. Lo expresa muy bien Otón Catalán: “Un agricultor no puede provocar la lluvia, ni hacer que suban determinadas temperaturas o que llegue la primavera. En cambio, sí puede cavar un pozo, construir una cisterna y canalizar el agua. Con su trabajo puede preparar la tierra, labrarla, quitar las piedras y arrancar las malas hierbas, podar los árboles y construir almacenes para guardar la cosecha. Si no se realizan estas tareas a la larga llegará la escasez y el hambre. Con la experiencia espiritual sucede algo parecido. No basta con vivirla; hay que trabajarla”. Esa experiencia del encuentro hay que vivirla y sentirla, entenderla y comunicarla. Las mujeres y hombres que deseen encontrar a Jesús deben buscar los espacios, lugares, tiempos, mediaciones y personas que canalicen y provoquen esta experiencia de encuentro.

Y una vez que el encuentro se produce, la paradoja es que hay que dejarlo ir, no lo podemos retener. Querer retenerle es querer manipularlo, usarle para algo, que nos resuelva los problemas. El encuentro con Jesús no nos resuelve nada, nos ayuda a vivir con esperanza y sentido. Cuando no intentamos retenerlo es posible volverlo a descubrir de mil formas diferentes: en las personas, acontecimientos, en una misma, en la historia… Su Presencia es ilimitada porque es Dios en todas las cosas, todo en todo, sin excluir nada. Descubrir su Presencia en lo cotidiano, preparar el encuentro, dejarlo ir, volver a descubrirlo de otra manera… este es el reto que nos lanza el Adviento porque “ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”.
               

                                                                                                          MARICARMEN MARTÍN

 

                                                                                                         
DIOS HABLA

ISAIAS 2,1‑5
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor». Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven; caminemos a la luz del Señor.

ROMANOS 13,11‑14
Hermanos: Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestios del Señor Jesucristo.

MATEO 24,37‑44
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del Hombre pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de la casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre».

 

EXEGESIS

PRIMERA LECTURA
El Adviento nos prepara la venida del Señor, más allá de su venida. Son los tiempos mesiánicos, siempre presentes y siempre soñados; tiempos vividos en la experiencia de la historia de la salvación, y tiempos que cada día están alcanzando nuestra vida.
Son sueños realizados y realidades que adelantan los sueños. Es el paraíso perdido y el paraíso vivido en momentos y personas, y el paraíso escatológico como recapitulación de todas las cosas.
Nos persigue siempre la idea del profeta ‘soñador’ de tiempos mejores, pero futuros; y olvidamos que el profeta es sobre todo ‘vidente’: no hace sino leer a la luz de su fe, lo que le rodea; conoce a las personas; descubre bajo el manto de la política, la economía, las relaciones sociales, lo que de gracia y pecado se esconde o aflora.
El archiconocido aforismo: “Forjarán de sus espadas azadones y de sus lanzas podaderas”, nos lo transmiten Isaías en la lectura de hoy, pero también Miqueas (4,3) y Joel (3.1). Los tres lo hacen en un contexto de juicio.
En los tres casos este texto esperanzador aparece rodeado de un contexto cargado de mensajes de desolación, injusticia, violencia, castigo ‘os pagaré vuestro merecido: venderé vuestros hijos e hijas’ (Jl 4,7) ‘seréis como encina a la que se le cae la hoja, y como jardín que a falta de agua está’ (Is 1,30). Eran tiempos los suyos de alegría, bienestar, autosatisfacción (¿Cómo los nuestros?) y nadie veía ni lo vacío de su bienestar, ni la injusticia de su opulencia. Eran tiempos de enemigos en torno, de amenazas, desconfianza, enemigos en torno.
Los profetas, siempre a contrapié. Levantan el ánimo, cuando todos caen y abajan las falsas  expectativas cuando el pueblo se enajena de la realidad. Y son capaces, los profetas, en un caso y otro, de percibir esos caminos del Señor siempre abiertos a la esperanza. Qué bien lo definió Juan XXIII, ‘sabían ver los signos de los tiempos’.
Hoy sucede lo mismo: tenemos que escuchar la voz de quienes saben comprender y denunciar la falsedad de una sociedad saciada, violenta, agresiva, distanciada de los pobres….
Personas que ‘han trocado sus espadas en podaderas….’ y que con sus gestos de rebeldía anuncian la llegada de un mundo donde el Señor es árbitro y ‘juez de pueblos numerosos’.
Van apareciendo podo a podo esos Tribunales Internacionales de Justicia que, con todas las limitaciones , van creando expectativas de justicia para todos los pueblos. Continúan testimoniando desde la cárcel su compromiso con la paz los muchos objetores de conciencia que deponen sus armas, al descubrir la injusticia de la causa que les ordenan defender: objetores en Israel, Estados Unidos de Norteamérica y, muy recientemente los más de 400 soldados birmanos con sus mandos, que depusieron sus armas ante la multitud indefensa a la que les ordenaron ‘reducir’.

 TOMÁS RAMÍREZ

SEGUNDA LECTURA
El contexto de este párrafo es la sección de recomendaciones ética que a menudo encontramos en las cartas de Pablo. Anima a la comunidad a una conducta conforme a su ser de cristianos.
Una motivación para esta conducta es la situación escatológica del cristiano que Pablo recuerda en los vv 11-12. Esa situación, en el sentido paulino, significa que el cristiano está viviendo ya la situación definitiva, última, inaugurada por Cristo, a la que se ha incorporado por la fe y el bautismo. Es lógico vivir según esa situación. Somos personas que han visto la luz y el día final puede llegar en cualquier momento. Evidentemente esta motivación se sentía más en la primera generación cristiana, que esperaba la llegada gloriosa del Señor Jesús, la parusía, para dentro de poco tiempo. Pero, con independencia de ello - en Romanos esta mentalidad parece menos fuerte que en las primeras cartas de Pablo - es claro que la situación individual final, la muerte, puede sobrevenir en cualquier momento. Y es bueno encontrarse con Jesús viviendo y habiendo vivido según su mensaje.
Pero lo esencial es otra motivación : el estar revestidos del Señor Jesucristo (v.14), que es una forma de hablar del ser en Cristo, situación en que ya nos encontramos aunque todavía no haya desarrollado todas las virtualidades contenidas en ella.
Supuesto que la realización total no haya llegado aún para quienes vivimos en el mundo, y supuesto también que hay peligro de decaer y olvidarse de esta condición cristiana ante las reales distracciones que tenemos, Pablo recuerda la coherencia de una conducta acorde con tal condición. Los ejemplos del v. 13 son eso, ejemplos, y no una lista completa de conductas. Cada uno de nosotros puede saber cuáles son las que a él le corresponden.

                                                                                                          FEDERICO PASTOR

EVANGELIO

Texto. El ciclo litúrgico que hoy comienza va a tener a Mateo como evangelista base. Al igual que en la apertura de los restantes ciclos, el texto está tomado de la parte final del evangelio.
Un verbo domina en él: venir. Venida del Hijo del Hombre, del diluvio, de un ladrón. De estas venidas, dos, la del diluvio y la del ladrón, sirven de referencia aclaratoria de la tercera, la del Hijo del Hombre, expresión cuyos orígenes literarios controlables se remontan al singular libro de Daniel.
Las tres venidas tienen un dato en común: su imprevisibilidad y, consiguientemente, el desconocimiento del momento exacto de las mismas. A la luz de este dato, el interés del texto se centra en despertar en los lectores una actitud vigilante a fin de que no les coja desprevenidos la venida del Hijo del Hombre.

Comentario. La venida del Hijo del Hombre es un acontecimiento de índole histórica universal que no se debe identificar ni confundir con la muerte de las personas.
La vigilancia o preparación para ese acontecimiento es una actitud consciente.
El texto refleja una concepción de la historia que da respuesta a una pregunta existencial y no a una pregunta moral.
La pregunta existencial indaga por el sentido de la historia  humana: ¿hacia dónde camina el hombre?
El texto responde a esta pregunta afirmando que la historia humana termina en una peripecia, cuyo protagonista es Dios. El hombre vive bajo el polo de atracción de Dios, quien en un momento humanamente imprevisible, pero cierto, obrará una mudanza repentina de la actual situación o condición humana.
El texto inculca la conciencia de esta peripecia universal, invitando a evitar la actitud inconsciente de que nada muda ni puede mudar.
Resulta enormemente evocadora la expresión misma Hijo del Hombre. En el libro de Daniel, a donde, como hemos dicho, la expresión se remonta, la figura del Hijo del Hombre está a mitad de camino entre lo divino y lo humano, lo individual y lo colectivo. En el Hijo del Hombre se conjugan armónicamente Dios y Hombre, incluyéndose ambos sin confundirse. El texto de Mateo nos habla de esta fusión inconfundible. La historia, por fin, aparece como abrazo de sus dos protagonistas, Dios y Hombre. Es natural que, tras el abrazo, todo tenga que ser diferente.

ALBERTO BENITO

NOTAS PARA LA HOMILIA

 

LA NOCHE ESTÁ MUY AVANZADA

Es el comienzo de una nueva época litúrgica, el tiempo previo a un nuevo año religioso y astronómico al que accederemos con la fiesta del nacimiento de Jesús, coincidente con el nacimiento o prolongación del sol y aumento de la luz diurna.
Aprovechando esa circunstancia, las lecturas van a jugar con algunas palabras de gran significación literaria y, por lo tanto, existencial y religiosa.
Quieren provocar en nosotros una actitud de preparación para la Navidad o, mejor dicho, para el encuentro con Dios y la comprensión del significado vital de su nacimiento. Para ello podemos situarnos mentalmente en el ambiente cultural que nos envuelve con su peculiar manera de ver y entender la vida.
Para muchos de nuestros paisanos y para nosotros mismos, la vida tiene unos tintes oscuros de pesimismo y falta de perspectiva clara de futuro. La mentalidad tecno científica y materialista nos está acostumbrando a no ver más allá del horizonte histórico y material.
El futuro que nos anuncia es la nada envuelta en esa nebulosa grisácea y oscura a la que la ciencia nos dice que todo está abocado y que con frecuencia nos atrapa en la tremenda sensación de vacío, sinsentido y desesperanza, fuente a su vez de tanta depresión y desánimo vital..
La literatura designa como noche esta sensación tan extendida de falta de esperanza, horizonte y vida que oprime, aturde  y angustia a muchos hasta el punto de procurar evadirse y no querer pensar. les desborda y les hace sentir mal esa oscuridad en la que parecemos instalados culturalmente.
S. Pablo nos avisa de las obras de la noche, las propias de la evasión, del escape, de los entretenimientos que divierten pero, sobre todo, esconden la realidad que no se quiere afrontar.
Él mismo nos anima, en cambio, a vivir y caminar en la luz, es decir, en la visión clara de la realidad humana, frágil y débil, pero que en el fondo de su intimidad más profunda descubre un algo que le coloca por encima de todas las otras realidades.
No somos simplemente una realidad biológica entre otras, aunque con ellas compartamos tantas cosas. No somos una compleja máquina llena de resortes y recursos pero entendida como máquina al fin. No somos un eslabón más en la larga cadena evolutiva de seres adaptados, aunque seamos los más adaptables.

CAMINEMOS CON DIGNIDAD

Somos los hijos de la divinidad, los pequeños señores de la creación, los capacitados para remontar todos los determinismos y experimentar, a nuestro pequeño nivel, la sensación de no estar atados y poder saborear un poco qué es eso de la libertad, o de sorprendernos en la admiración de la belleza, o de conmovernos por el sentido de un amor compasivo y solidario que no solo busca placer sino que es capaz de remontar el propio egoísmo y sacrificarse por el bien de otros.
Somos la sorpresa que ha roto la larga cadena de un mundo atado a la realidad material y biológica de la que está hecho. Somos otra cosa distinta, cualitativamente distinta, profundamente diferente.
Y en medio de nuestro caminar somos capaces de preguntarnos por nuestro propio futuro y por nuestro propio presente, conscientes de nuestra inseguridad y de nuestra impotencia. ¿Hacia dónde camina el ser humano? ¿Cuál es nuestro horizonte comunitario y personal? ¿Qué será de nosotros?
De esas cuestiones supieron mucho los profetas que tuvieron que habérselas con un pueblo siempre dispuesto a la evasión y el entretenimiento, nostálgico de la condición infrahumana que no tiene que decidir por no tener libertad, deseoso de volver al pasado en el que el instinto marca el camino y el jefe toma las decisiones en nombre de la manada, añorante de un Egipto que niega la condición humana de los libres y responsables.
Isaías, que sabía mucho del ser humano nos pone la imagen simbólica del que con sus manos, sus golpes, su ritmo tenaz, su constancia interminable va dando forma a lo que se resiste a ser modelado, va haciendo aparecer lo que no había, va forjando una realidad bella y buena desde otra anterior brutal y deforme.
Dios, en su encuentro con nosotros, hará que esta realidad nuestra, humana y repelente tantas veces, se transforme en otra atractiva y positiva. Digna.
Pero será necesario que se dé ese encuentro, que, como nos invita la liturgia, preparemos el nacimiento de Dios en nuestra vida personal y en nuestro mundo. Entonces se hará la luz y será posible vernos sin vergüenza y con alegría, porque, de repente, el futuro estará más claro, el horizonte despejado y la esperanza hará su aparición entre nosotros para fortalecer nuestro ánimo, dar alas a nuestro caminar cansino y estrechar los lazos de un amor solidario que trabaja por quienes necesitan nuestro apoyo y nuestra comprensión.
Dios habrá hecho posible la sorpresa de experimentar que el Hijo del Hombre es mucho más que el resultado de un proceso adaptable y selectivo en el que solo quedan los más aptos. El amor hace vivir a todos. El Dios del amor nos hará vivir a todos por encima de nuestras posibilidades, más allá de nuestro horizonte posible.
Estad atentos, sed cristianos despiertos. El mundo necesita algún signo de esperanza y hemos de darles signos de cambio. Como el que trabaja la forja. Como Dios que cambiará nuestra suerte. La noche está avanzada y pronto llega el día.

JOSE ALEGRE ARAGÜES

PARA LA ORACION

Señor, en tu nombre, al comenzar el Adviento, levantamos nuestra mirada para contemplar salvación que nos traes. Que tu Palabra nos haga vigilantes a tu venida, responsables a la hora de vivir la fe, y generosos para actuar desde la caridad.

Nos gozamos en tu presencia, Señor. Haz que los días de nuestra vida estén llenos de tu paz.  Que este encuentro contigo celebrado desde la fe y la esperanza nos haga estar vigilantes a tu venida. Por Jesucristo nuestro Señor.

Te alabamos porque eres un Dios de salvación.
La humanidad descubre que tus promesas de paz y felicidad eternas
se cumplen en tu Hijo Jesucristo.
Su venida a nosotros al final de los tiempos
nos anima a despertarnos de nuestros sueños de pasividad
y nuestras indiferencias ante la suerte y destino de los que sufren.
Conviértenos a Ti, Señor, para que seamos instrumentos
y mensajeros de tu paz que viene de ti.
Que en este Adviento nos pongamos en camino, a la luz del Evangelio,
junto a toda la Iglesia para apresurar, vivir y comunicar un nuevo nacer de Dios
en el seno de este mundo.

 

Señor Jesús, Tú eres la respuesta a nuestras inquietudes; el sentido de nuestra existencia, concédenos en este tiempo y siempre vivir centrados en Ti, Mesías y Salvador nuestro.

 

LA MISA DE HOY

SALUDO

Hermanos: El Señor,  que nos trae la paz, esté con todos vosotros.

ENTRADA

Somos bienvenidos para celebrar la Eucaristía. Iniciamos el tiempo de Adviento y un nuevo año litúrgico. La fe en Jesucristo va iluminándonos para descubrir que la salvación está cerca.
Esperar con esperanza es estar convencidos de que está a punto de llegar el Reinado de Dios en su plenitud. Está por venir y supera nuestros deseos y nuestras fuerzas. Esta venida provoca en nosotros la alegría del que acoge a Dios en su vida. Junto con el gozo también el estar alerta, permanecer vigilantes para reconocer la presencia de nuestro Dios y de su Reino en la vida diaria, y ser y obrar conforme a la fe en Jesús.
Que esta eucaristía nos ayude a prepararnos al encuentro del Señor, que viene. Que lo hagamos más presente a lo largo de toda la semana.

ACTO PENITENCIAL

El Señor viene a salvarnos. Con humildad reconozcamos nuestros pecados.

  1. Por nuestras violencias y discordias. Señor, ten piedad.
  2. Por nuestra ceguera y pasividad a la cercanía de tu Salvación. Cristo, ten piedad.
  3. Por nuestra  indiferencia a las necesidades del prójimo. Señor, ten piedad.

 

LECTURA PROFÉTICA

El profeta Isaías, a través de la siguiente visión, anuncia la intervención salvadora del Señor al final de los tiempos. La realidad humana quedara transformada, reconciliada por su presencia, generando la paz mesiánica universal. Las palabras de Isaías se cumplen, se realizan en Jesucristo. El es el Mesías esperado y anunciado, es el “el príncipe de la paz”.

SALMO RESPONSORIAL (Sal. 121)
Vamos alegres a la casa del Señor.
¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!. Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.
Vamos alegres a la casa del Señor.
Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David.
Vamos alegres a la casa del Señor.
Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor».
Vamos alegres a la casa del Señor.
Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios».
Vamos alegres a la casa del Señor.
Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo». Por la casa del Señor nuestro Dios, te deseo todo bien.
Vamos alegres a la casa del Señor.

LECTURA APOSTÓLICA

San Pablo exhorta a los cristianos a vivir arraigados en el amor de Dios. El motivo de esta recomendación es que la salvación está más cerca ahora. Nuestras actitudes vitales, nuestro comportamiento deben expresar nuestra fe en Jesucristo. De esta manera la espera del Señor será activa y vigilante.

LECTURA EVANGÉLICA

Mateo nos habla con un lenguaje escatológico sobre la venida última de Cristo. Este acontecimiento es seguro, aunque desconocemos cuando tendrá lugar. El Señor nos invita a la vigilancia, a estar preparados ante su venida.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Vivimos abiertos al futuro y esperando la venida definitiva del Señor, en Él ponemos nuestra esperanza.  Responderemos diciendo: VEN, SEÑOR JESÚS

  1. Por la Iglesia entera, al comenzar este tiempo de gracia del Adviento, para que vivamos con gozo y actitud vigilante  nuestra fe en Jesús, nuestro salvador. Oremos.
  2. Por los legisladores y gobernantes, para que trabajen incansablemente por lograr la paz entre las naciones y una convivencia cordial y fraterna en todos los ciudadanos de la tierra. Oremos.
  3. Por todos los hombres y mujeres que sufren en su cuerpo y en su espíritu las consecuencias de la violencia, la guerra y el terrorismo, para que reciban la ayuda necesaria para solucionar de forma duradera la terrible situación que padecen.  Oremos.
  4. Por esta comunidad (parroquial), para que en este Adviento seamos responsables ante Dios y los demás, mediante una fe vigilante y una  actitud misionera de presencia en el mundo. Oremos.

Señor, Jesús, esperamos tu venida. Escucha las súplicas que te dirigimos desde nuestra sed de Ti. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

JESUS GRACIA LOSILLA

CANTOS PARA LA CELEBRACION

 

Entrada. Ven, ven, Señor, no tardes; Vamos a preparar los caminos del Señor (1CLN-17); Tened encendida la lámpara (disco “Nuevos cantos de Adviento y Navidad”).
Acto penitencial. Señor, ten piedad (disco “Dios es amor”).
Salmo. Qué alegría cuando me dijeron (de Manzano).
Aleluya. 1CLN-E 1.
Santo. 1CLN-I 2.
Aclamación. 1CLN-J 2.
Comunión. Libertador de Nazaret (de Erdozáin); Señor, ven a nuestras almas (de G. Arrondo); Cerca está el Señor (1CLN-731).
Final. Una canción a la Virgen.

 

PARROQUIAS
Nuestra Señora de la Asuncion de Artedosa
San Pedro de Beloncio
San Juan de Berbio
Sto. Domingo de Marea
Santa Ana de Maza
Santa Eulalia de Ques
Santo Toribio de Tozo
Santuario Virgen de la Cueva
La Obra Pia de Piloña y Colegiata de Infiesto
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