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IV Domingo de Adviento A

DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO – ciclo A

23 de diciembre de 2007


al

 

 

Gracias Dios por José
¡Viva er Pepe... la María... y er Manué....!!! (léanse aquestas palabras con acento de ese castizo no más)
Parece una pintada de esas que salen en los muros de los pueblos por los que me paseo en verano. Pintadas muy antiguas y muy descoloridas... de caligrafía infantil y hasta con faltas de ortografía si es preciso. Pero tiernas tiernas como el queso fresco.
Hemos llegado a la última semana de este tiempo de adviento... sonriendo, espero. Aprendiendo... seguro. Confiando... deseo para todos. Creciendo como humanos y humanas. Estaría genial hacer un repaso a todas las palabras que nos han llegado hondo desde la primera semana de gestación hace ya 21 días. Me pregunto cuantas especies de ser vivo habrá con un tiempo tan corto de preparación para venir a este mundo?? Mis conocimientos de botánica y biología son escuetos la verdad. Es posible que haya cientos de esas especies. Los humanos desde luego no somos una de ellas. Así que es probable que no hayamos tenido tiempo suficiente para prepararnos para este recibimiento.
Aquí en Valencia ya hace unos días que llegó el frío. No demasiado frío, pero sí el suficiente para darte cuenta de que algo ha cambiado en el otoño. Cada cual se da cuenta por motivos distintos, yo lo noto porque se me queda helada la punta de la nariz cuando camino por la calle. Parece que con este tiempo a uno le apetece más todo lo cálido... Por ejemplo las sensaciones que me evocan lecturas como las de esta semana de Adviento. Una ya no recuerda cuántas veces las ha escuchado y leído, pero despiertan algún resorte en el armario del inconsciente e, inevitablemente, me sitúan en algún otro momento anterior donde calaron hondo y dieron sentido a alguna experiencia de entonces. Vuelven como un aroma conocido que sigue sorprendiéndote cuando te lo encuentras en otra persona. Palabras que suenan a proyecto, a esperanza, a sueños y deseos que marcan opciones, que indican senderos porque a veces no da ni para caminos..., pero que como lucecitas en las tinieblas te recuerdan que estas vivo y que no estás perdido del todo.

En mi cole también hemos preparado el adviento. Este año dedicamos tiempos para redescubrir con los chavales cómo es ese que viene y al que estamos esperando. Qué clase de amigo es. Toda la primera semana experimentamos la confianza. La ternura la segunda, el perdón la tercera y el postre, la cuarta... al alegría. Me encanta, lo confieso. Son aromas estupendos.

Les invito a seguir oliéndolos, son de esos que se quedan pegados como los de las personas que quieres, como los de un bebé recién bañado, el pan caliente, el horno con un pastel de manzana y canela, un libro nuevo, la tierra después de llover, el mar, el romero... Prometo  hacer un listado de buenos olores en mi próximo desvelo nocturno... y otro listado de todas las veces que he vivido desde la confianza en Dios... y he sido feliz. Como José, el de Nazaret, bueno aunque su familia era de Belén..., Pepe para los amigos... ( en Valencia hay costumbre de llamar Pepes a los Josés). Qué estupendo contar con un José en nuestra vida de creyentes para mirarle y aprender a confiar, y a vivir desde la disponibilidad, desde el servicio, desde el silencio, desde la cercanía, la ternura de aceptar lo cotidiano como signo de la presencia de un Dios que es mucho más grande de lo que comprenderé jamás. De un Dios que misteriosamente está presente en todo lo que nos pasa... por más increíble que parezca.., por más duro de aceptar que sea, por sorprendente, inesperado, incómodo, infinitamente tierno y dulce como un bebé que viene ... y necesita un padre. Allí estaba José diciendo a Dios: “Menudo marrón del 15 que me has metido..., pero sigo aquí, porque tú estás conmigo”
(marrón = situación que no me gusta un pelo. Del 15= muy, pero que muy grande....enorme, descomunal, vaya)

Y qué requeteenamorado estaba de la pequeña María. Y qué persona, con un corazón tan grande que se debía oír latir en cuarenta kilómetros a la redonda... Y qué fe tan bien puesta.
Y qué mujer... María. Qué afortunada de contar con alguien así en su vida.
Por eso Jesús aprendió tanto y tan bien cómo es el Dios de sus padres.
Un hombre, José. Un hombre bueno. Un hombre que supo acoger en su vida los planes de Dios, que supo abrir su vida entera para acoger a Dios. Ese Dios de la vida es nuestro Dios. Dios con nosotros, ...Manué, o sea... Manuel, Emmanuel.
Así que Viva José... Viva María... y Viva Emmanuel.
Feliz semana.

                                                                          ANA IZQUIERDO

 

 

DIOS HABLA

ISAIAS 7,10‑14
En aquellos días, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo». Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor». Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombre que cansáis incluso a Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa: “Dios‑con‑nosotros”».

ROMANOS 1,1‑7
Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quien Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

MATEO 1,18‑24
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa: “Dios‑con‑nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

 

EXEGESIS

PRIMERA LECTURA
El contexto histórico de este texto podemos leerlo en 2Re 15-16. Corre el año 734-733 a.C.; los israelitas se han unido con los sirios ¡contra Judá! como castigo a la negativa del reino del sur a aliarse contra Asiria. Es la guerra siro-efraimita.
Unos versos más arriba podemos leer: “Vigilancia y calma” (7,4); “si no creéis, no subsistiréis” (7,9): tales son las consignas del Señor para Acaz, rey de Judá. Al parecer, dichas consignas no fueron suficientes, o mejor, fueron desoídas. Ahora el profeta vuelve a la carga, no con consignas, sino con señales.
Sabemos muy bien que los signos siempre son ambiguos; ambiguos eran los oráculos de Delfos entre los griegos; ambiguas las palabras de la Sibila entre los romanos; ambiguos los gestos y el propio lenguaje con que nos comunicamos. La primera página del Libro de buen amor lo dice con belleza y humor. Los signos, el lenguaje, son débiles.
Por otra parte, ¿son iguales todos los signos, todas las señales? En el AT podemos encontrar signos-anticipo, que llevan implícita una promesa o una amenaza (cf. 1 Sam 2,34; 2 Re 19,29); o signos-recordatorio: de la alianza (cf. Gn 9,12, el arco iris); también signos-distintivo (Gn 4,5, Caín; Ex 12,13, sangre en las jambas); y, por último, signos-confirmación, propios de los relatos de vocación o de misión especial (Ex 3,12, vocación de Moisés).
Pues bien, el profeta exhorta aquí a Acaz a pedir un signo confirmatorio, dada la difícil coyuntura que le toca vivir al rey, para ayudarle a tomar una decisión acertada. Acaz, que ya ha tomado su decisión, no necesita confirmación, e interpreta la invitación del profeta como un signo-anticipo y se excusa so capa de honestidad ante Dios. Entonces Isaías replica con un signo que se torna amenaza para quien se niega a admitir el señorío de Dios en la historia: ‘inmanu-’el (léase el capítulo 8).
La lectura cristiana que de este texto hace Mateo nos invita a reflexionar sobre si seguimos leyendo como debemos el signo de contradicción que supuso y supone Jesús de Nazaret en nuestra historia: sujeto a la ambigüedad del intérprete porque quiso manifestarse en la debilidad  de la palabra, en la debilidad de la carne, en la gozosa sencillez de un niño.

 JEREMÍAS LERA BARRIENTOS

SEGUNDA LECTURA
En el saludo de Romanos encontramos, entre otras cosas, una síntesis cristológica muy importante.
Pablo menciona de pasada, en su presentación personal, el tema de la carta : el Evangelio. A este propósito hace algunas importantes afirmaciones sobre  la figura del Hijo, Jesucristo, contenido central del mensaje.
Para ello utiliza material anterior que aparece en los vv. 3 y 4 principalmente. Es muy probable que sea de una confesión de fe u otro fragmento litúrgico primitivo. Lo cual indica que Pablo no es el “inventor” de esta forma de considerar y de creer en Cristo, sino que, antes de él, ya existían fórmulas que hablan del Señor con toda profundidad.
El Hijo es presentado en dos series de frases bien diferenciadas : el v. 3 habla de Jesús en cuanto hombre, “nacido de la estirpe de David” y el v. 4 en cuanto Hijo de Dios. Muy en la línea del Nuevo Testamento no se pretende explicar lo inexplicable ni conciliar afirmaciones opuestas, sino que se hacen afirmaciones paralelas sobre la humanidad y la divinidad de Jesucristo. Es un modelo que podemos imitar cuando queremos hablar del Señor, sin olvidar ninguno de los dos aspectos.
Sólo es preciso saber que, dado que se trata de formulaciones muy antiguas y no del todo elaboradas, alguna de ellas puede resultar imperfecta. Sería mucho pedir que en los poco más de 25 años que separan la Carta a los Romanos de los acontecimientos pascuales ya se hubiera alcanzado la perfección y equilibrio de las formulaciones posteriores. Para ello hubieron de pasar varios siglos y no pocas polémicas y controversias.
Ateniéndonos al texto paulino/prepaulino original - la traducción litúrgica evita  problemas con una cierta interpretación del mismo, como en otras ocasiones -, es preciso observar que la fórmula  “ fué constituido (Jesucristo) Hijo de Dios por la resurrección” puede ciertamente mejorarse y eliminar el cierto regusto adopcionista que tiene. Con todo la Resurrección, mencionada aquí junto con la muerte, es el elemento esencial para la comprensión de Jesús.
En los vv. 5 y 6 Pablo personaliza el evangelio en lo referente a él mismo, hablando de su misión. Y el v. 7 es la conclusión del saludo.

                                                                                                          FEDERICO PASTOR

EVANGELIO

Texto. El versículo inicial es fundamental para el posterior desarrollo narrativo. El versículo enuncia un hecho: María está encinta por obra del Espíritu Santo. Con la formulación de este hecho Mateo no pretende anticipar a sus lectores algo que José conocerá más tarde, sino sentar la base de todo el relato y, consiguientemente, de la posterior decisión de José. Desde el comienzo mismo del relato José es, pues, sabedor de la concepción milagrosa del niño que hay en María. Su decisión, formulada en el v.19, de no convivir con María no es fruto de la sospecha contra María, sino del asombro y de la conciencia de la propia indignidad. ¿Cómo podría él convivir con alguien en quien Dios se ha hecho presente tan especialísimamente? José, que era justo (bueno en la traducción litúrgica), es decir, que su conducta estaba siempre guiada por la Torá, por la voluntad de Dios, decide no convivir con María. Es muy probable que el empleo del verbo repudiar no haga justicia al relato.
De todo esto resulta que lo que José tiene que superar es su propio miedo religioso, su conciencia de indignidad y de pequeñez. Las palabras del ángel tienen precisamente esta función. De ahí que comiencen con un no temas, no tengas reparo, invitando a José a la convivencia con María bajo el mismo techo.
Suele ser habitual atribuir a las palabras del ángel en el v.20 la función de información o aclaración a José. La traducción litúrgica así lo confirma. Todo el problema radica en que la misma conjunción griega puede tener sentido causal (porque) o reforzativo (en efecto). Personalmente me inclino por la segunda alternativa. La traducción del v.20 debería ser la siguiente: no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer. En efecto (como tú ya sabes), la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. El ángel no desvela a José el misterio de la concepción de María, sino que refuerza el conocimiento que José ya posee. El ángel no libera a María de la sospecha de infidelidad, sino que libera a José de su miedo religioso; le ayuda, en una palabra, a no sentirse anonadado por la cercanía de Dios.
Pero las palabras del ángel no se limitan a liberar a José de su miedo religioso: le confían, además, la tarea de dar nombre al niño que hay en María. La acción de dar nombre constituía en el ámbito semita el momento genuino de la paternidad.
El nombre, a su vez, definía a la persona, la caracterizaba en su tarea y función posteriores. De ahí la importancia de las etimologías e interpretaciones de los nombres en la Biblia. El texto confiere especial relieve al nombre del niño. Por un lado, el ángel define al niño como salvador de los pecados; por otro, el propio autor, aplicándole un texto de Isaías, lo define como Dios con nosotros. El nombre del niño constituye probablemente el centro de atención del texto.

Comentario. Por encima de los intentos novelísticos, alguno de ellos encomiable, de acercamiento al misterio de Jesús, el intento de acercamiento más completo es el religioso. Resultado de este tipo de intento es el de Mateo que hoy leemos.
El  misterio de Jesús es, en última instancia, el de su divinidad. Jesús es Dios con nosotros. Desde la cercanía, desde la inmediatez. El hecho es tan sorprendente que puede parecer contradictorio. ¿Cómo se puede ser Dios a la vez que hombre? La reacción humana espontánea es la de negar la compatibilidad de ambos extremos; la reacción humana religiosa es la aceptación de la compatibilidad de los mismos.
Pero con la aceptación surge un nuevo problema. ¿Puede Dios ser uno entre nosotros sin que nosotros suframos las consecuencias negativas de su cercanía? ¿Puede el sol estar tan cerca de nosotros sin que nos destruya? La reacción humana espontánea es la de renunciar a la cercanía; la reacción humana religiosa es la de aceptarla.
Ahora bien, aceptar esa cercanía comporta dar a Dios un nombre y un rostro humanos. Así vio Mateo la tarea de José; así debe ser la tarea del creyente en Dios.
La consecuencia no se deja esperar: el que Dios tenga un nombre entre los hombres depende de que haya hombres que quieran  dárselo; el que Dios sea Jesús, es decir, salvador de los pecados, depende de la existencia de Josés, es decir, de la existencia de creyentes. De esta forma, lo que se presentaba como problema divino termina convirtiéndose en problema humano.
De la vida concreta de José, de su vivir diario, conocemos muy poco, prácticamente nada. Pero conocemos de él lo que realmente vale la pena: aceptó el riesgo de dar nombre a Dios. Gracias a esta aceptación Dios se llama Jesús y es uno entre y con nosotros. La tarea de José no es irrepetible. Muy al contrario: está necesitada de otros que la sigan repitiendo. He aquí el reto que nos lanza el texto de hoy.

ALBERTO BENITO

CELEBRACIÓN COMUNITARIA DE LA PENITENCIA

1. RITOS INICIALES
* Canto inicial: Ven, Señor Jesús (del grupo Kairoi)
* Monición.
            El tiempo de Adviento nos prepara a recibir al Señor, que viene a nuestro encuentro. En nosotros resuenan con un eco especial las palabras del profeta Isaías: “Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos”. Cada uno de nosotros ha de ser uno de esos senderos por los que Dios pueda pasar y llegar a otras personas. Pero dentro de cada uno hay cimas, dunas, rocas, baches... Hemos de allanar el camino para que Dios pueda pasar sin obstáculos a través de nosotros. Que esta celebración nos ayude en esa hermosa tarea, pues entonces empezaremos a ser presencia de Dios para los demás.

* Oración presidencial
            Señor, Dios nuestro, que sales a la búsqueda del hombre, movido por tu inmenso amor, para hacerle partícipe de tu ser; prepara en nosotros un pueblo bien dispuesto y unos corazones abiertos a acoger al que viene en tu nombre. Que esta celebración del sacramento del perdón nos haga dignos de recibir entre nosotros al que nos envías como Salvador: Jesucristo, tu Hijo. Él, que vive y reina contigo...

2. LITURGIA DE LA PALABRA
* Primera lectura: Isaías 40, 1-11
* Salmo 24. R/. Alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación
* Canto del Aleluya
* Evangelio: Lucas 1, 39-45
* Homilía. Ideas para poder comentar o desarrollar en la homilía:
- Como en tiempos de Isaías, Dios manda consolar a su pueblo y envía un heraldo que grite el anuncio de su venida. Viene hasta nosotros lleno de parabienes y trayendo lo que puede hacernos estar tranquilos: salario y recompensa. Se mueve entre nosotros con la delicadeza y la ternura de un pastor que cuida de cada una de sus reses. Jesús viene enviado por Dios a llevar adelante esta misión.
- El texto de la visitación nos sugiere una pregunta similar a la que se hace Isabel: ¿Quiénes somos nosotros para que nos visite el Señor? Esto nos da una idea de cuán importantes somos para Él y de cuánto amor nos tiene. No espera que nosotros le busquemos, sino que Él viene a nosotros para que sepamos que le importamos, para que nos demos cuenta de cuánto nos ama y lo cercano que se siente de nosotros y de nuestro mundo.
- El momento histórico que nos toca vivir es bastante extraño, lleno de contradicciones, pero que, en general, intenta ignorar o silenciar a Dios, pues no lo ve como un aliado nuestro sino como un rival que molesta. En esta situación, el cristiano intentará llevar a sus hermanos la verdad del Dios de Jesucristo. Pero esa verdad sólo podrá ser escuchada y entendida si el testigo de Jesucristo vive en la fe, la esperanza y el amor. Son las actitudes que transparentan quién y cómo es Dios y las que podemos revisar en esta celebración.

3. LITURGIA SACRAMENTAL
* Examen de conciencia:
- Reviso si soy una persona de fe. Si creo en Dios, en su bondad, en su perdón y su misericordia para con todos, en su universalidad; si creo en su presencia continuada en el mundo y en mi vida; si le presto mi adhesión sin condiciones; si no desconfío de Él y de su atención por nosotros; si creo íntegramente en el mensaje de Jesús; si actúo como ciudadano del reino.
- Reviso si soy una persona de esperanza. Si no soy negativo, si sé poner luz en la oscuridad, si no decaigo fácilmente ante las adversidades; si busco o no soluciones de manera tenaz a los problemas; si confío en la acción de Dios en todas las personas, si no soy desconfiado con los demás, si no abandono o tiro la toalla fácilmente, si creo en la utopía, en un mundo mejor, en la realidad del reino de Dios; si vivo sin miedo de la muerte, si espero en la vida eterna.
- Reviso el amor que hay en mí. Si siento amor por la vida, por las personas, por Dios. Si las cosas que hago las hago con amor. Si pongo amor cuando más difícil resulta, si pongo amor aun cuando no soy correspondido o cuando no soy querido; si doy desinteresado en mis relaciones y respeto a todos por lo que son como personas; si valoro como regalo de Dios todo lo que tengo; si valoro la fe, la pertenencia a la Iglesia, el conocimiento de Jesús y del evangelio y si trato de no vivir con enemistad, rencores o resentimientos.
* Hagamos reconocimiento público de nuestra común condición de pecadores y pongámonos en las manos misericordiosas de Dios, diciendo: Yo confieso...
* Confesión y absolución individual
* Imposición de la penitencia comunitaria
* Preces
Respuesta cantada: Ven, Salvador, ven sin tardar, danos tu gracia y tu paz;
                                 ven, Salvador, ven sin tardar, danos tu fuerza y verdad.
            - Para que la Iglesia lleve siempre el perdón y la misericordia de Dios.
- Para que los pueblos y las naciones vivan en unas relaciones humanas cada vez más fraternas y solidarias.
- Para que todos los que sufren se vean consolados y aliviados por la presencia de Dios en el mundo.
- Para que todos los que buscan a Dios puedan encontrarlo en nosotros, los cristianos.
- Para que Dios nos haga crecer en la fe y en el amor y podamos dar, así, testimonio de la esperanza cristiana.
- Para que la venida del Señor colme las expectativas de todas las personas que se implican porque creen que un mundo mejor es posible.
* Llenos de alegría por ser hijos de Dios y por haber recibido su perdón, nos dirigimos al Padre llenos de agradecimiento con la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro...

4. RITOS DE DESPEDIDA
* Oración presidencial
            Dios, Padre de bondad, que nos llamas a preparar el camino del Señor y a que allanemos sus senderos, conserva en tus fieles la gracia que han recibido en el sacramento de la penitencia y hazlos testigos en el mundo de la luz que tu Hijo Jesucristo nos trae, para que el día de su venida gloriosa, podamos celebrar, junto a todos los hombres, la salvación completa y definitiva que tú nos das. Por JCNS.
* Bendición
* Canto final: La Virgen sueña caminos

JUAN SEGURA

 

PARA LA ORACION

Dios Padre Nuestro, tú nos invitas a la mesa de la Eucaristía, para fortalecer nuestra esperanza. Aviva en nosotros el deseo de buscarte, la espera  de tu venida y la fe en tu presencia.

Señor nuestro, recibe los dones que de Ti hemos recibido. Que tu Espíritu Santo nos haga dichosos, al acoger  con gozo y fe a tu Hijo Jesucristo. El que vive y reina por los siglos de los siglos.

Te damos gracias Señor, porque no dejas de mostrarnos tu voluntad.
Tú has querido poner en lo profundo de nuestro ser el hambre y sed de Ti.
Para saciar nuestras ansias de eternidad, de ser amados por Ti siempre,
Te has encarnado en el seno de María, la Virgen Madre, por obra del Espíritu Santo.
En este tiempo de espera y promesas, Tú alientas nuestra fe.
Nos ayudas en este camino, en el que anhelamos y esperamos tu venida,
proponiéndonos como modelo de fe y disponibilidad a tus planes,
de donación y fecundidad, de acogida y fidelidad a Jose, hombre bueno y justo, y a María,
la Virgen de la escucha y la caridad. Madre de la Esperanza, Madre del Emmanuel,
de Dios-en-nosotros y con-nosotros.
Padre nuestro, sigue acompañando a Tu Iglesia,
para que sea portadora de Cristo, tu Evangelio.
Que cada cristiano proclamemos esta Buena Noticia,
desde la confianza en tu Palabra


y la actitud permanente de servicio y entrega a nuestros hermanos.

Dios nuestro, que la cercana celebración del nacimiento de tu Hijo Jesús, nuestro Salvador, despierte la fe dormida y la caridad olvidada.  Ayúdanos a dar razón de nuestra fe en Ti, con audacia y alegría, con generosidad y  confianza.

 

LA MISA DE HOY

 

SALUDO

Hermanos: Que el amor de Dios Padre, que en su Hijo Jesucristo cumple sus promesas de salvación, esté con todos vosotros.

ENTRADA

Somos bienvenidos a esta Eucaristía en la recta final de este tiempo de Adviento. Pocas horas nos separan de celebrar el nacimiento de Cristo, el Emmanuel, el Dios con nosotros. La fe nos lleva a la súplica, a la alegría porque vamos a alcanzar la meta de nuestro viaje. La fe es un encuentro con Dios en Jesucristo, pero también un encuentro con los hermanos.
De la mano de la virgen María y de San José, llega hasta nosotros todo un ejemplo de donación y fecundidad, de cómo acoger y esperar a Jesús. Recibimos de ellos el testimonio de una fe que lleva a confiar plenamente en la Palabra de Dios  y a hacernos disponibles para colaborar  siempre en los planes que Él tiene para nosotros.
Que esta celebración nos ayude a descubrir a Dios con nosotros y a servirle en sus hijos, nuestros hermanos. 

ACTO PENITENCIAL

El Señor Jesús nos muestra la misericordia de Dios. Sus promesas de vida y perdón se cumplen. En ocasiones no respondemos desde la fe a sus proyectos. Reconozcamos ahora nuestros pecados.

  1. Tú, que intervienes en nuestra historia para engendrar vida y paz. Señor, ten piedad
  2. Tú, que nos encomiendas el don y la misión de anunciar tu Evangelio.  Cristo, ten piedad.
  3. Tú que nos invitas a descubrir y amar tu voluntad. Señor, ten piedad

 

LECTURA PROFÉTICA

El rey Acaz no confía en Dios; se fía solo de sus alianzas, fuerzas y planes para afrontar el futuro. El profeta Isaías anuncia al rey una señal de parte de Dios: el nacimiento de un niño, encarnación de la bondad de Dios, de su presencia salvadora entre los hombres. Escuchar este anuncio profético, en este último domingo de Adviento,  nos prepara para la venida del Señor. El niño es puro don. En él reconocemos al Mesías. Como parte de este signo profético está la madre: “la Virgen está encinta y da a luz un hijo y le pone por nombre Emmanuel (que significa: "Dios-con-nosotros").

SALMO RESPONSORIAL (Sal 23)
Va a entrar el Señor, él es el Rey de la Gloria.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
Va a entrar el Señor, él es el Rey de la Gloria.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.
Va a entrar el Señor, él es el Rey de la Gloria.
Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
Va a entrar el Señor, él es el Rey de la Gloria.

LECTURA APOSTÓLICA

San Pablo recuerda aquí su condición de siervo de Jesucristo y apóstol. Ha sido elegido y enviado para proclamar a todos los hombres el Evangelio de Dios. Este Evangelio que él predica ya los anunciaron los profetas; ahora esa promesa se ha cumplido en Jesucristo. El contenido de esta Buena Noticia, que Pablo proclama es Jesús, Señor nuestro, Hijo de Dios y, según lo humano, descendiente de David. Pablo ha recibido por medio de Jesús el Señor, la misión y el don de anunciar el Evangelio a todos los gentiles, para que respondan a la fe en Cristo.

LECTURA EVANGÉLICA

La cercanía de Dios en la vida de José provoca en él miedo y la duda acerca del papel qué él tiene que desempeñar en los planes de Dios. El anuncio que recibe del  ángel del Señor le aclara cuál es su tarea.  El relato que vamos a escuchar nos muestra el contenido de ese mensaje: la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María es obra del Espíritu Santo; el que va a nacer, de nombre Jesús,  es Dios-con-nosotros. Él nos traerá la salvación. José deberá poner el nombre al niño, es decir, será su padre legal. De esta manera introduce a Jesús en la estirpe de David. A José se le pide que se fíe totalmente de Dios, y él se fía. Dios no salva al hombre sin la cooperación y sin la fidelidad del hombre

ORACIÓN DE LOS FIELES

A las puertas de celebrar el nacimiento de Dios-con-nosotros, acudimos a Él con esperanza y fe para presentarle nuestras necesidades. Diremos: ¡Ven, Señor, Jesús!

  1. Para que la Iglesia, a ejemplo de San José, descubra cada día los planes de Dios, y los lleve a cabo desde la fidelidad, el gozo y la confianza. Oremos
  2. Para que en nuestro mundo sean cada día más numerosas las iniciativas que promueven el diálogo y el respeto a la persona humana. Oremos
  3. Para que los que se hallan inmersos en situaciones de incomprensión, rechazo o intolerancia descubran la cercanía de Dios y reciban un trato fraterno de los que conviven con de ellos. Oremos
  4. Para que nuestra comunidad (parroquial) esté atenta a los signos de los tiempos, y respondamos desde la fidelidad y el amor-caridad a las llamadas que recibimos de Dios. Oremos

 

Señor, escucha nuestras súplicas. Ilumina nuestra esperanza. Llena nuestra vida de tu gracia y ternura. Por Jesucristo, nuestro Señor.

JESUS GRACIA LOSILLA

CANTOS PARA LA CELEBRACION

 

Entrada: La Virgen sueña caminos; Ven, Salvador (ambos del disco “Preparad los caminos”); Abre tu tienda al Señor (disco “Nuevos cantos de Adviento y Navidad”).
Acto penitencial: De Manzano.
Salmo: LdS.
Aleluya: Canta aleluya al Señor.
Ofertorio: Rorate coeli de super.
Santo: 1CLN-I 6.
Aclamación: 1CLN-J 22.
Comunión: Madre de los creyentes (CB-122); Señor, ven a nuestras almas (CB-176); Magnificat (disco ‘12 Canciones religiosas y litúrgicas para el siglo XXI’).
Final: Un canto popular a la Virgen.

 

PARROQUIAS
Nuestra Señora de la Asuncion de Artedosa
San Pedro de Beloncio
San Juan de Berbio
Sto. Domingo de Marea
Santa Ana de Maza
Santa Eulalia de Ques
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Santuario Virgen de la Cueva
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