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Navidad A

NATIVIDAD DEL SEÑOR – ciclo A‑

  25 de diciembre de 2007


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Y VUELVE A ACAMPAR ENTRE NOSOTROS

La  Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Una vez, y otra, y otra.  Las que hagan falta, y parece que van a ser muchísimas, porque ¡la cantidad de veces que hemos pasado por esta fiesta! Y lo que te rondaré, morena.

Imagino al Padre de todos nosotros rompiéndose la cabeza, un poco mosca por el derrotero que va tomando esta humanidad suya. Pensando en la manera de hacernos llegar un mensaje importante, y buscando la mejor estrategia de marketing para que no podamos dejar  de enterarnos. Se puede decir que su plan, a primera vista, no es el más espectacular, ni el de más eco mediático. Ni el primer anuncio (un bebé  en pañales y unos pastores) ni los de continuación (una vida de carpintero con un fin  poco brillante) llevan la marca de los grandes éxitos de ventas.

Pero aquí estamos. Los unos pensando en cómo estirar el presupuesto para que los fastos navideños sean bien lucidos, y algunos otros frente a una hoja en blanco buscando qué se puede decir de la Navidad cristiana que no se haya dicho ya.  Está claro que costaría encontrar un argumento nuevo,  pero no tanto encontrar un enfoque distinto. Porque llevo mucho tiempo sin oír hablar de  un grupo curioso y raro de encontrar en estas fechas, el grupo “de los que sí”.

Están, por un lado, los “del chirrido”. Les chirría la tarjeta de crédito, la obligación de las tarjetas de felicitación, el estómago repleto de antiácidos… Les chirría también la conciencia, por no saber negarse a meterse en un lío que no les dice nada. Y les chirrían los dientes cuando la cuñada les gana en lujo en la decoración de la mesa de navidad.

Hay otro grupo, entre vergonzante y cómplice, los “yo-no-creo-pero”. No creo, pero me lanzo a degüello a gastar lo que tengo y lo que no. Y celebro Papá Noel y Reyes, no vaya el niño a tener algún complejo de inferioridad.

Podemos seguir enumerando distintos tipos de celebrantes y festejos. De los que se habla poco, pero están, y todos conocemos alguno, es de “los que sí”.

Los que sí se preparan el corazón desde el Adviento, pensando en acoger en su interior a un niño desvalido y dependiente, que confía en ellos para llegar a cumplir su misión en la tierra.

Los que se esfuerzan en explicar a sus hijos la parte más importante de la fiesta que celebramos, para que ellos participen de la alegría de la fe y sepan que los regalos y el jolgorio son consecuencia de la alegría que sentimos dentro, no causa.

Los que decoran su casa con sitio abundante para los que se acerquen a ella. Cuelgan recuerdos entrañables de fiestas pasadas y se ocupan del brillo de la mirada más  que del de los adornos.
Los que sí viven la austeridad como un valor que embellece, y no como una restricción que fastidia.

Los que felicitan por compartir la alegría de ver que el Señor sigue empeñado en que sepamos cuánto nos quiere, y sigue acampando entre nosotros una y otra, y otra vez.

Estamos demasiado acostumbrados a criticar sin descanso a esa sociedad que nos arrastra al consumo y al despropósito, como si nuestra voluntad no tuviera que ver en ello. ¿Sería posible, por una vez, fijarnos en “los que sí”? ¿Tomar ejemplo de que las piruetas son posibles y se puede celebrar una Navidad cristiana sin encerrarse en un bloque de hielo aislante y sin dejarse arrastrar a la desmedida?

Quiero pensar que cuando el evangelista pone que “la Palabra acampó entre nosotros”, no eligió el verbo a lo loco. Porque acampar tiene un sentido especial de acomodo sencillo, de compartir lo que hay, sea poco o mucho, y de acogimiento entrañable que no tienen otros verbos de similar significado.

Que siga acampando. Que venga muchas veces. Y que cada año seamos más los que sí entendemos de qué va esto, transmitiendo este significado a nuestro alrededor.
                                                              

A. GONZALO

 

DIOS HABLA

ISAIAS 52,7-10

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es Rey»! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

HEBREOS 1,1-6

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o: «Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo?» Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».

JUAN 1,1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: “el que viene detrás de mi pasa delante de mí, porque existía antes que yo”». Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.  A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

 

EXEGESIS

 

PRIMERA LECTURA
En primer plano, antes que la noticia, aparecen los pies del mensajero. Viene corriendo, volando sobre los montes.  La imagen es osada porque ¿qué belleza pueden albergar unos pies cansados, polvorientos? Sin duda hay que buscarla no en los propios pies, sino en el mensaje que transportan. Y ¿qué es lo que anuncia? ¿es actual su mensaje? ¿puede uno alegrarse de lo que anuncia? ¿qué riesgos corre? ¿no es cierto que, a veces, se mata al mensajero ?
Este primer verso del poema, gozoso donde los haya, está calcado de Nahum 2,1, lleno de alegría por la caída de Nínive. El mensaje aquí es más denso: paz, reinado, espectáculo inesperado, consuelo, victoria.
El poema acaba con otra imagen sorprendente para nosotros: “El Señor desnuda su santo brazo”, es decir: se remanga, “se mete en harina”, empieza a actuar de veras. La indumentaria de la época impedía poner manos a la obra sin remangarse antes. He ahí el contexto del segundo Isaías: alentar la esperanza de los “arruinados”. Y otra imagen llamativa, porque cantar a unas ruinas es algo fácil de imaginar de manos de la nostalgia y la melancolía; pero invitar a cantar a las proipias ruinas... eso es otro cantar. Más aún si se tiene en cuenta que la palabra hebrea que el poeta elige para las ruinas sólo aparece en otro lugar de la Biblia: Lev 26,33, como última palabra de las maldiciones que esperan al pueblo si no obedece y no pone en práctica los precepttos de Dios.
Proclamado el día de Navidad y en la liturgia cristiana, el poema adquiere nuevos resortes. Nos apropiamos del anhelo del profeta del regreso cada vez que repetimos ¡Venga a nosotros tu reino! Maran-atha. Y si además hace de telonero al prólogo de Hebreos y al prólogo de Juan, hemos de recurrir a Garnerio en su comentario (medieval) sobre la Natividad del Señor:”Leamos en el pergamino de su carne, en este niño en quien se abrevian las escrituras todas. En múltiples ocasiones y de muchas maneras había Dios distribuido a los hombres, folio a folio, un libro escrito en el que se escondía una Palabra única bajo múltiples palabras; hoy les abre ese libro para mostrar todas esas palabras reunidas en la única Palabra. Filius incarnatus, Verbum incarnatum, Liber maximus”.

JEREMÍAS LERA BARRIENTOS

SEGUNDA LECTURA
Desde un punto de vista estrictamente exegético , el párrafo propuesto contiene el arranque/introducción del escrito “a los Hebreos” (vv. 1-4) y el comienzo de la primera parte del mismo  (vv. 5-6).
En los primeros versículos la idea central es la Revelación de Dios por medio de su Hijo que, aunque no recibe el nombre de Verbo o Palabra, cumple perfectamente la función de comunicar a Dios con el hombre y viceversa. Esta comunicación no es una misión meramente informativa, como se desprende de la mención del señorío total del Hijo “heredero de todo” y de su mediación en la creación y conservación del mundo así como en el perdón de los pecados. Si el mismo lenguaje humano a menudo no sólo facilita información sino comunica a las personas globalmente y hasta llega a transformar la realidad, mucho más el “lenguaje” de Dios. La Revelación es una obra total de salvación.
El otro punto desarrollado más bien en los vv. 5-6 es la superioridad del Hijo sobre todo y su igualdad con el Padre. Por debajo de las débiles apariencias humanas de Jesús de Nazaret está presente la Segunda Persona, Hijo consubstancial con el Padre. El término “consubstancial” evidentemente no aparece en el texto, ni podía aparecer, pero expresa adecuadamente el sentido insinuado en expresiones del párrafo como “reflejo de la gloria” o “impronta de su ser”, que traduce el griego original “hypostasis”, cuyo significado se acerca más a “substancia”, “esencia” que a “persona”.  Lo malo de todas esas expresiones es que se hace necesario traducirlas, empezando por consubstancial y siguiendo por las demás.
Y ello no es muy fácil en Navidad. Pero hay que tenerlo en cuenta para no hacer de la fiesta algo simplemente sentimental, que, eso sí, resulta sencillo, pero no tan importante.

                                                                                                          FEDERICO PASTOR

EVANGELIO

Texto. Habitualmente se considera todo el conjunto como prólogo u obertura al evangelio de Juan. Existen, sin embargo, buenas razones para limitar el prólogo a los trece primeros versículos. En ellos, en efecto, hace uso el autor de categorías o formas abstractas de pensar la realidad humana y divina. La excepción parece constituirla el v.6, en el que se menciona a una persona concreta: Juan. Sin embargo, si leemos con atención, caemos en la cuenta de que Juan es presentado abstractamente como ser humano (surgió un hombre=un individuo de la especie humana) en el ejercicio de la categoría del testimonio.
Categorías manejadas: Palabra, creación, vida, luz, tiniebla, rechazo, testimonio, aceptación, filiación. La categoría central es la de palabra divina, ante la cual se produce una doble reacción humana de aceptación y de rechazo. Estas tres categorías constituyen la síntesis del prólogo: Palabra aceptada-rechazada.
Con el v.14 la abstracción deja paso a la concreción histórica. Y la Palabra se hizo carne. Con el término carne se designa la realidad humana visible y tangible, sujeta a la contingencia y a la limitación. A partir del v.14 la Palabra ya no es categoría divina abstracta sino persona concreta: Jesús. Entran, pues, en escena personas de carne y hueso, que con su actuación van a dar vida al cuarto evangelio. Las personas que de momento entran en escena son nosotros y Juan.
Nosotros encarna un papel contemplativo: es el personaje que ve en profundidad y capta el significado de los hechos y de las personas, en concreto, de la persona de Jesús. Es el personaje que descubre en Jesús la dimensión transcendente de Hijo de Dios. Para designar esta realidad honda de Jesús el autor del cuarto evangelio emplea el término gloria. Nosotros es el personaje de la gloria de Jesús.
La segunda persona que entra hoy en escena es Juan. A diferencia del prólogo, donde era presentado como alguien de la especie humana, Juan es ahora un judío en acción. Su acción es un testimonio.
Del entrecomillado de la traducción litúrgica se deduce que las palabras del testigo se limitan al v.15. Existen, sin embargo, buenas razones para ampliar el testimonio de Juan hasta el versículo final, es decir, hasta el 18.
Juan encarna el papel de testigo de descargo, es decir, el que depone en favor del procesado, quien no es otro que Jesús, a quien el testigo identifica por su nombre propio.
Ambos personajes, nosotros y Juan, coinciden en atribuir a Jesús dos categorías fundamentales para la existencia humana: gracia y verdad. Gracia es don y es gratuidad. Verdad es mucho más que la conformidad de la realidad con el concepto que de ella se forma la mente; verdad es la realidad misma, consistente y auténtica.
En boca del testigo de descargo gracia y verdad están en un escalón superior a la Ley de Moisés.
El testigo de descargo, por último, habla de Jesús como el exegeta o intérprete autorizado del Padre. La expresión estar en el seno de es una desafortunada traducción literal de una imagen gráfica que quiere decir compartir mesa, estar al lado de, es decir, ser igual, compartir dignidad. La imagen está tomada de la posición de los comensales en el mundo greco-romano.

Comentario. A través de la conjunción de las dos partes de las que se compone el texto, el autor nos transmite el siguiente mensaje: las distintas formas de pensar e imaginar la realidad han tomado cuerpo, consistencia y posibilidad de verificación en Jesús. Los mejores sueños y anhelos humanos se han hecho realidad.
Conmemorar el nacimiento de Jesús es conmemorar la realización de lo añorado siempre por los humanos. Es probablemente ésta la razón última por la que Jesús jamás nos deja indiferentes. Su nacimiento es sin duda la mejor de las noticias y la única por la que la vida tiene sentido. Gracias a este día valen la pena todos y cada uno de nuestros días. Sí, amigo, estamos realmente de enhorabuena por celebrar este hermoso e increíble día. Felices días, pues, a todos, hasta que volvamos a celebrar la próxima Navidad. 

ALBERTO BENITO

REFLEXIONES ANTE LA NAVIDAD

 

Esto es nuestra fiesta, esto celebramos hoy: la venida de Dios a los hombres para que nosotros nos acerquemos a Dios o, más propiamente, para que volva­mos a El, para que despojados del hombre viejo nos revistamos del nuevo...
¿Cómo es esto? No enguirnaldaremos los zaguanes, ni organizaremos dan­zas, ni adornaremos las calles, ni ofreceremos placer a los ojos, ni nos deleita­remos con cantos, ni afeminaremos nuestro olfato, ni prostituiremos nuestro gusto, ni agradaremos al tacto: todas estas cosas son caminos fáciles para el alma y veredas que conducen al pecado. No nos daremos a la molicie con vestidos delicados y sedosos, tanto más caros cuanto más inútiles, ni con el brillo de las piedras preciosas o el oro, ni con artificios ni colores que falsean la belleza natural y han sido diseñados contra la imagen de Dios. No con orgías ni borracheras a las que, a ciencia cierta, se añaden el libertinaje y la insolencia, pues de sórdidos maestros proceden enseñanzas sórdidas o, dicho de otra forma, malas semillas dan frutos perversos. No construyamos altos lechos que den cobijo en nuestro vientre a la molicie. No estimemos con exceso los aromas del vino, los encantos del arte culinario y los ungüentos costosos. Que la tierra y el mar no nos brinden estiércol caro ‑por tal tengo yo el lujo‑. No rivalicemos unos contra otros por ver quién aventaja a los demás en destemplanza, entendiendo que yo juzgo intemperancia cuanto sea inútil y falto de provecho. Y todo ello mientras otros, formados del mismo barro nuestro y con nuestra misma composición, pasan hambre y fatiga a causa de su pobreza...
 El que es, nace; se hace creado quien no lo es; el infinito se hace extenso merced al alma racional que hace de mediadora entre la divinidad y la gravedad de la carne. El que enriquece mendiga. Se empobrece tomando mi carne para que yo me enriquezca con su naturaleza divina. Se vacía quien está repleto de todas las cosas, pues verdaderamente durante un breve tiempo se vació de su gloria para que yo participara de su plenitud. ¿Cuál es la riqueza de su bondad? ¿Qué misterio es éste que me rodea? Yo participé de la imagen de Dios y no la guardé. El participó de mi carne para salvar la imagen y hacer inmortal la carne. El tomó parte de una segunda unión con el hombre, más extraordinaria que la primera por cuanto entonces me hizo participar de una naturaleza mejor y ahora es El quien toma parte de una naturaleza inferior. Esto es con mucho más divino que lo primero. Esto, para quienes son sensatos, es mucho más sublime.
 (S. Gregorio Nacianceno, Homilía sobre la Navidad. 38,4‑5,13)

El abajo firmante amenaza al tinglado navideño con lo siguiente:

Que no piensa regalar cosas útiles o prácticas o costosas. Sino más bien simbólicas: que me expresen a mí y se dirijan a tu persona.
Que va a cortar con los regalos de compromiso, «como tú me regalas, yo tengo que regalarte». Nada de eso.
Que no cree en los juguetes automatizados, sofisticados, individualistas, bélicos, que educan a la estupidez. Los prefiero creativos, participativos, imaginativos, fácilmente manipulables y desentrañables.
Que no va a echar reyes abundantes. «Papá, no me compres juguetes, ¡juega conmigo!» Pues vamos allá, muchacho.
Que no comprará tarjetas de felicitación, sino que las dibujará él mismo. Es más personal, más auténtico, ¿no? No necesito que nadie ilustre mis sentimientos.
Que no irá a la Navidad del Corte Británico ni a Preciosas Galerías: no están llenos de Navidad, como afirman.
Que polvorones y mazapanes no hacen Navidad. Chicos, «El Mesías» que celebramos no son unos mantecados. Ni es Navidad porque coma turrón 25. Que conste.
Que menos tele y más pandereta, Magdalena. ¿No te parece? Vamos a contarnos nuestras mentiras, a reírnos nuestros chistes, a cantar nosotros. Ele. Nuestra fiesta nos la montamos nosotros.
Que no chantajeará a los niños haciéndoles prometer obediencia incondicional y dócil sumisión a cambio de unos reyes espléndidos. «Mamá, no me compres con juguetes, regálame, sin más. Aunque no te esté eternamente agradecido por tu generosidad. Hazlo desinteresadamente, gratuitamente; porfa, mamá».
Que no va a hacer distinciones entre parte sagrada y parte profana de estas fiestas. Vivirá mundanamente lo cristiano y religiosamente lo mundano. Porque el misterio que celebramos es que en el hombre anida lo divino, en la carne lo espiritual, en la palabra el Verbo, en el tiempo la Eternidad.
Pues lo dicho: es una amenaza, que puede cundir. El que avisa no es...
(J. Suárez Bautista, en «Alandar»)

 

 

PARA LA ORACION

Señor nuestro, tu te acercas a nosotros en la ternura y fragilidad de un Niño. No permitas que nos desentendamos de aquellos hermanos nuestros e hijos tuyos que viven en condiciones que hieren la dignidad humana. Ayúdanos a servirles y amarles. Que celebremos desde la caridad y la fe el Misterio de tu Nacimiento,  de Tu amor y cercanía, de Tu Salvación y confianza en la humanidad.

Señor nuestro, Tú no eres un Dios mudo y alejado de nosotros. Tu Palabra hecha carne nos muestra tu amor abundante y personal. Que estas ofrendas santificadas por tu Espíritu Santo sirvan de alimento a nuestra fe y caridad  para poder descubrirte encarnado en los hermanos más pobres y necesitados.

Te damos gracias, Padre misericordioso,  por Jesucristo, tu Hijo muy amado.
Por medio de Él, que es tu Palabra,
has entrado con tu salvación y  tu paz en nuestra historia humana.
Tú no has defraudado nuestra espera.
Tú has colmado de tu misma vida nuestra esperanza.
Padre nuestro, estamos alegres porque nos ha nacido el Salvador, Jesús, el Señor.
Ayúdanos a celebrar, adorar y vivir con fe este misterio de amor.
No permitas, Señor, que apaguemos con ruidos, indiferencia y superficialidades
el eco de tu Palabra, el resplandor de Cristo: la Luz que nos ilumina.
Cristo, tu Hijo, nos hace Hijos tuyos; nos muestra tu corazón de Padre.
Haz que nos abramos al gozo de tu presencia, Señor.
Que te descubramos como el Dios-con-nosotros en toda persona humana.
Que la contemplación del Nacimiento de tu Hijo nos lleve a adorarte y servirte


en todos los hermanos nuestros que viven en el dolor, la miseria y el olvido.

Padre misericordioso, estamos agradecidos y alegres por haber compartido, como Hijos tuyos, Tu Pan y Tu Palabra: Cristo, Hijo tuyo y Señor Nuestro. Que la celebración de su Nacimiento nos empuje ahora y siempre a proclamar a todos tu Salvación.

LA MISA DE HOY

 

SALUDO

Hermanos: Alegrémonos en el Señor, ha nacido nuestro Salvador. Que su amor y  la vida nueva a la que Él nos invita a nacer estén con todos vosotros.

ENTRADA

Feliz Navidad; paz  a todos, amados de Dios. Sed bienvenidos a esta Eucaristía en la Solemnidad del Nacimiento de Jesucristo. Él es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros, en quien ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres. Por eso Cristo es desde ahora, la Palabra humana de Dios Padre, el lugar del encuentro de Dios con el hombre, y del hombre con Dios. Esta es la Navidad de Dios. La Navidad para ser vivida desde la fe en Jesús y la caridad a todos, de forma especial a aquellos que sufren en su cuerpo o en su espíritu: la pobreza, la violencia y la exclusión.

Que esta Eucaristía nos haga mensajeros convencidos y jubilosos de la noticia que cambia el futuro de la humanidad: Dios nos ha nacido.

ACTO PENITENCIAL

Dios nos ha comunicado su Palabra: su Hijo, Cristo Jesús. Ha venido al mundo y el mundo no le ha conocido. Pedimos perdón a Dios por nuestros pecados.  

  1. Tú, que has venido a  tu casa y no te hemos recibido. Señor, ten piedad
  2. Tú, que  confías en nosotros y has querido hacerte persona. Cristo, ten piedad.
  3. Tú, que estás para siempre en medio de nosotros. Señor, ten piedad

 

LECTURA PROFÉTICA

Para los habitantes de Jerusalén queda atrás la amarga experiencia de la destrucción, el destierro, y la cautividad. Se anuncia una esperada y buena noticia que provoca alegría y consuelo. Dios trae consigo la liberación,  devuelve a su pueblo la paz. Todas las naciones contemplan la victoria de Dios. Los hombres y mujeres de la tierra están llamados a tomar parte en ese júbilo y de ese destino de salvación. Jesucristo es el Mesías esperado, el rey victorioso, el que nos comunica la vida y la paz del mismo Dios.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 97)
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.
Los confines de la tierra han contemplado...
El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado...
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera, gritad, vitoread, tocad.
Los confines de la tierra han contemplado...
Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.
Los confines de la tierra han contemplado...

LECTURA APOSTÓLICA

Dios, de forma permanente, fiel  y diversa, ha entrado en dialogo con la humanidad y ha mostrado sus caminos de salvación, de liberación al hombre. En esta etapa final nos ha hablado por medio de su Hijo. Jesucristo revela al Padre, a través de sus palabras y en su persona.

LECTURA EVANGÉLICA

San Juan en el Prologo de su Evangelio proclama la encarnación de la Palabra eterna y creadora de Dios, que es Jesucristo. Se inicia una manera de presencia de Dios más cercana y personal. Dios mediante, Jesucristo, su Palabra hecha carne, hecha persona, entra en la historia humana; asume como suya nuestra condición y naturaleza. Por medio de Jesucristo somos hechos hijos de Dios. Él nos quiere hacer partícipes de su vida divina, de su salvación.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Hoy ha nacido nuestro Salvador, alegrémonos por esta hermosa y buena noticia. Confiamos en la bondad de Dios, nuestro Padre, por eso le suplicamos haciendo nuestras las necesidades de toda la humanidad. Diremos: Padre, óyenos.

  1. Por la Iglesia, para que reflejemos a Cristo, Luz de las gentes, Palabra del Padre, a través de la Liturgia, la Caridad y el anuncio de la Palabra. en vivamos el misterio de amor y el mensaje de conversión a Dios y a los hermanos que transmite la Navidad. Oremos.
  2. Por aquellas naciones marcadas por la violencia y la insolidaridad de los países con más riqueza, para que el nacimiento de Jesús, Luz que ilumina a todo hombre, haga posible el diálogo que conduce a la  reconciliación, y la justicia que lleva a la paz y desarrollo auténticos. Oremos
  3. Por los niños y los ancianos, por los enfermos y los que están solos, por los inmigrantes y los privados de libertad para que reciban y vivan la salvación liberadora que trae Jesús, el Dios-con-nosotros. Oremos.
  4. Por esta comunidad cristiana para que hagamos presente el amor de Dios, Su paz sincera, en los grupos y actividades parroquiales (pastorales), en nuestras familias, compañeros de trabajo y estudio, vecinos. Oremos

 

Escucha, Padre misericordioso, nuestras oraciones.  Concédenos amarte sobre todas las cosas y amar sin condiciones a nuestro prójimo. Que cada día vivamos como hijos tuyos en esta sociedad, hasta que lleguemos a disfrutar de tu amor y tu paz eternamente en tu presencia.

JESUS GRACIA LOSILLA

CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada. Adeste fideles; Nace un Niño en un portal.
Gloria. De la Misa de Angelis.
Salmo. Aleluya, el Señor es nuestro rey, de Manzano.
Aleluya. Aleluya navideño (disco "Cantos para participar y vivir la Misa").
Ofertorio. El tamborilero.
Santo. de Palazón.
Comunión. Noche de Dios; En medio del  silencio (1CLN-62); Cristianos venid (1CLN-55).
Final. Villancicos populares, regionales, etc., durante la adoración del Niño.

 

PARROQUIAS
Nuestra Señora de la Asuncion de Artedosa
San Pedro de Beloncio
San Juan de Berbio
Sto. Domingo de Marea
Santa Ana de Maza
Santa Eulalia de Ques
Santo Toribio de Tozo
Santuario Virgen de la Cueva
La Obra Pia de Piloña y Colegiata de Infiesto
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