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I Domingo de Cuaresma A

Año XXXIV – Número 13 – Ciclo A –

10 de febrero de 2008

PRIMER DOMINGO
DE CUARESMA


 

 

Pecado y Tentaciones
Por el primer hombre entró el pecado en el mundo. El pecado de querer ser Dios; “La serpiente replicó a la mujer: “no moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal” (Gen 2,7-9;3,1-7). ¿Por qué nos cuesta tanto asumir un poder por encima de nosotros?. El orgullo… la prepotencia: “no necesito a nadie”, “me basto a mi mismo”, “yo solo puedo”,…asumir la limitación, la debilidad…la NECESIDAD de Dios es nuestro mayor obstáculo, lo que más nos aleja de él

Yo también he jugado a ser Dios, he vivido con mis fuerzas y mis capacidades, con mi responsabilidad y mi autorrealización, con el horizonte de hacerme persona, creciendo y creyendo en mi misma.
Pero un día me di cuenta de que estaba atada al mundo de la peor manera posible, desde mi autosuficiencia, esa que no me dejaba respirar, ni moverme en libertad, ni ser feliz y sobre todo, no me dejaba amar y sentirme amada. En ese momento volví a Él y con rabia pregunté “¡¿Qué quieres?!”…”solo amarte y que mi amor sea tu reposo y tu fortaleza”.

Os aseguro que su contestación te desmonta y te recoloca de tal forma que la vida entonces cobra otro sentido: yo no soy Dios, ni tengo que serlo, Él sabe mejor que yo lo que necesito, lo que más me interesa; yo solo soy la amada y confiaré en su amor.

Todos los hombres y mujeres nos hallamos marcados por el pecado de orgullo, ese primer pecado de la humanidad, que Cristo como hombre tuvo que vencer en las tentaciones. Venció como hombre la tentación de ser Dios; y siendo Dios, venció la tentación de ejercer como tal, dando paso a la voluntad de su Padre. Pudo tener poder y gloria; pudo, siendo Dios, bajarse de la cruz y no pasar por la agonía; siendo el Amante, se inclinó ante e Amor y le dio paso, le hizo camino hacia la humanidad, como única manera de poder restablecer al hombre con el Amor primero.

¡Claro que le costó!, su renuncia fue mas dura que la nuestra, puesto que El podía ser Dios, el era Dios y no jugó ni un momento a serlo, sino a dejarlo presente junto a nosotros.

Gracias a ello, hoy sabemos y conocemos a tantas personas que venciendo a las “tentaciones” se dedican a dar paso a Dios en nuestro mundo: personas ilustres, personas sencillas y personas anónimas que en contra de todo orgullo y vanidad, regalan su vida y su amor a los hermanos: Los hermanos de la cruz blanca, que cuidan de deficientes profundos adultos sin familia ni recursos; los voluntarios y voluntarios del centro Fogaral en Zaragoza que acogen a la mujer que ejerce la prostitución, desde la humildad y el cariño; los trabajadores y trabajadores de la planta 13 del Hospital Clínico de Zaragoza donde ingresan los pacientes “infecciosos” que cuidan con esmero, paciencia, cariño y profesionalidad a “los leprosos” del siglo XXI…Médicos sin fronteras, Intermón, UNICEF, Cruz Roja…
Gracias a todos y todas por enseñarnos en el inicio de la cuaresma, que las tentaciones se superan y que la entrega de CristoJesús por el hombre, tiene un fruto inestimable en su Reino.

 

                                                                                                          CONCHA MORATA

 

DIOS HABLA

GENESIS 2,7‑9;3,1‑7
El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?» La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte”». La serpiente replicó a la mujer: «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal». La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

ROMANOS 5,12.17‑19
Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuánto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación. En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

MATEO 4,1‑11
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al final sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó, diciendo: «Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». Entonces el diablo lo lleva a la Ciudad Santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole todos los reinos del mundo y su gloria, le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

 

EXEGESIS

PRIMERA LECTURA
El P.Alonso Schöckel hablaba mucho de ‘símbolos arquetípicos, primordiales, porque arrancan de experiencias radicales, fundamentales de cualquier hombre situado en el espacio’.
De la misma manera podríamos hablar de ‘mitos arquetípicos’, formas literarias en que se plasman las preguntas, misterios, fracasos, sueños de la humanidad y que, por lo tanto, son comunes a todas las civilizaciones: ¿De dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, el sueño de un paraíso; el pecado, el amor; la muerte; el principio que determina y la opción entre el bien y el mal…
Leemos los mitos muchas veces como tradiciones históricas en el tiempo, cuando en realidad son la proyección atemporal de la humanidad presente en cada generación.
El redactor yahvista a quien se debe la lectura de hoy ni siquiera se molesta en decirnos cuándo sucedió. Nosotros leemos que es después de que Dios preparara un lugar habitable, ‘con un manantial que brotaba de la tierra y regaba toda la superficie de la tierra’. Aparece el ser humano, parte singular de la creación a quien recoloca en un paraíso, ese lugar apacible, huerto cerrado, con acequias y frutos de toda clase: es ‘la huerta del abuelo’ que siempre conocimos en los pueblos y aldeas y que a los pequeños nos parecía el lugar más delicioso del mundo; el oasis en medio del desierto… ¡Lo que puede ser la vida de la humanidad, como pensamos cuando exclamamos ¡si todos fuéramos buenos…!.
Ahí están ya planteadas preguntas primordiales ¿Y porqué no somos felices? ¿Porqué se nos niega el paraíso? ¿Porqué morimos?.
El creyente en un Dios creador que mima a su criatura preferida sabe que no puede atribuirle la responsabilidad del fiasco a ese mismo Dios. Es el hombre el que se engaña, el que ve espejismos, el que se cree dios, el que no quiere límites a su inteligencia n a su libertad. (¿Hablamos de aquel tiempo o hablamos de hoy mismo?. Esta es la virtualidad del mito precisamente, que nos coloca ‘en aquel tiempo’, lo que es espejo de lo que hoy somos).
Cómo me viene mil veces a la memoria el texto y advertencia de Moisés al Pueblo, antes de entrar en Canaán, la tierra prometida que mana leche y miel ¡un paraíso!: “Guárdate bien de olvidarte del Señor, tu Dios, descuidando sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, que yo te prescribo hoy. Cuando hayas comido hasta saciarte y hayas construido hermosas casas; cuando hayas visto multiplicarse tus bueyes y tus ovejas, tu plata, tu oro y todos tus bienes, no te ensoberbezcas en tu corazón ni te olvides del Señor, tu Dios, que te ha sacado de Egipto,…. Guárdate de decir en tu corazón: Mi fuerza y el poder de mis manos han hecho todo esto…. si te olvidas del Señor, tu Dios, para irte tras otros dioses, dándoles culto y postrándote ante ellos, yo os aseguro que seréis completamente destruidos” (Dt 8.7-20).
Ayer, hoy y siempre, la tentación de emular, sustituir a Dios.

 TOMÁS RAMIREZ

SEGUNDA LECTURA
El contexto de este párrafo en Romanos nos muestra la intención teológica de Pablo al hablar del pecado de Adán y Eva. Este contexto es la salvación llevada a cabo por Cristo.
Sería desconocer por completo el sentido fundamental de esta líneas creer que el Apóstol está explicando principalmente el llamado “pecado original”. Es frecuente emplear este texto con esta finalidad, lo cual se ve favorecido por combinaciones como la de la liturgia de hoy con su lectura de Génesis.
Si Pablo menciona el primer pecado es para poner en paralelismo con él la obra redentora de Cristo. Paralelismo que se resuelva con toda claridad a favor de esta segunda obra. Se trata, pues, de subrayar la salvación como más eficaz e importante que cualquier trasgresión y, en concreto, que el “pecado de los orígenes”. Ello es patente en la segunda parte del capítulo, hasta el final, cuando Pablo repite de muchos modos que la obra de Cristo es “mucho más” grande que la de Adán y que influye mucho más en la condición humana.
Este paralelismo antitético y no proporcional entre el primero y el segundo Adán pone de manifiesto, entre otras cosas, la universalidad del don divino y también su gratuidad. Efectivamente, en la historia mal hecha  por los seres humanos - sentido básico del llamado “pecado original” tal como se desprende precisamente de una exégesis adecuada del v. 12 de este texto - entramos sin haber hecho opción alguna ni de vivir simplemente ni de vivir en ese ambiente. De la misma manera - pero mucho más - entramos también en la economía de la gracia y la salvación. ¡No va a tener más fuerza lo malo que lo bueno!, que finalmente equivaldría a que el ser humano, puesto a dañar la obra de Dios tendría más fuerza que Dios queriendo realizarla. Esto sigue siendo cierto aunque contemos, como es de razón, con la libertad humana.
Como consecuencia más práctica : puede insistirse cuento se quiera en el “pecado original” y sus dañinas consecuencias, pero hemos de insistir más en la acción divina salvadora por medio de Cristo.
Desgraciadamente no parece ser ésta la actitud de no pocos cristianos: se acepta con relativa facilidad -la experiencia parece confirmar esta apreciación- que entramos sin más en el mundo del pecado y sufrimos sus consecuencias, pero que, para entrar en el reino de la gracia, hay, de hecho, muchos condicionantes, condiciones y condicionamientos. La desigualdad y desproporción entre estas situaciones son patentes. Y las nefastas consecuencias, también.

                                                                                                          FEDERICO PASTOR

EVANGELIO

Texto. Con una frase característica de la narrativa bíblica Mateo presenta a Jesús en una situación de tener que decidir. Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Se tienta a alguien cuando se le coloca en situación de tener que decidir.
El marco y las circunstancias de la tentación de Jesús recuerdan la pasada historia del Pueblo de Israel. Recuerda el camino que el Señor te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones (Deut. 8,2). Los cuarenta días de ayuno abrazan el drama de la historia, que Jesús asume en sí y lleva consigo hasta el fondo.

Comentario. Considerado globalmente, el texto es un desafío a Jesús para que elija sus prioridades como Mesías enviado y acreditado por Dios.
En primer lugar está la tentación de construir la sociedad desde los solos medios económicos, convirtiendo las piedras en panes. En tiempo de Jesús había ciertamente superabundancia de personas hambrientas que habrían aceptado gustosas ese pan milagroso, viniera de donde viniera. Jesús mismo conoció sin duda la estrechez económica y el hambre. Además, el Antiguo Testamento había descrito a menudo la nueva sociedad como una época de gran prosperidad material, en la que los hambrientos serían alimentados y las necesidades de cada uno, safistechas.
Una palabra de Dios al Pueblo de Israel en un momento crucial de su pasada historia ayudó a Jesús a vencer la tentación: No sólo de pan vive el hombre (Deut. 8,3). Con esta respuesta Jesús no resta importancia a la muerte por falta de pan, sino que formula que se puede también morir por vivir sólo de pan.
 
La segunda tentación es la de servirse de Dios en beneficio propio. Habría sido cosa fácil demostrar que era el Mesías obrando milagros, porque lo milagroso e insólito tenía y sigue teniendo un especial atractivo. También aquí había para esta tentación algo más que la simple lógica de la situación. Existía efectivamente una profecía en el Antiguo Testamento acerca del Mesías que aparecería de repente y de un modo dramático en el templo. Había también la promesa del Sal.91, según la cual Dios protegería a aquellos que fueran puestos a prueba. Si Jesús era realmente el Mesías, podía esperar con toda seguridad que Dios cumpliría sus promesas.
La respuesta a ella vino del mismo tiempo crucial de la pasada historia de Israel: No pondrás a prueba al Señor, tu Dios (Deut. 6,16). El contexto de la promesa de Dios en el Sal.91 aclara que esta promesa es sólo válida para aquellos que vivan en obediencia a la voluntad divina. Y para Jesús hacer la voluntad de Dios significaba servicio y sufrimiento, y no el uso arbitrario de las promesas de Dios para sus propios fines egoístas. La confianza en Dios de la que Jesús hace gala y a la que nos invita a nosotros es algo completamente diverso del desafío aventurero de quien quiere convertir a Dios en siervo suyo.
  
La tercera tentación consistía en ser un mesías político. Debió de ser la tentación más fuerte. Después de todo, esto era precisamente lo que los judíos esperaban del Mesías. También era creencia común entre ellos que gobernarían a todas las demás naciones.
Jesús se dio cuenta de nuevo de que esto era muy diferente del reino que él quería y anhelaba. No es que Jesús no sintiera simpatía por el profundo deseo de libertad que experimentaba su pueblo. Después de todo, él mismo vivía bajo la tiranía de Roma. Había trabajado con sus propias manos para producir lo suficiente para pagar los impuestos romanos. Conocía muy bien la miserable condición de sus compatriotas y, sin embargo, rechazó el mesianismo político. Primero, por las condiciones en que éste se le ofrecía. Si Jesús aceptaba que el diablo tenía autoridad sobre el mundo, entonces se le otorgaría una autoridad política limitada a cambio. Esto era algo que Jesús no podía aceptar. Su compromiso, y el que exigió a sus seguidores, era exclusivamente un compromiso con Dios como soberano y señor. Reconocer el poder del diablo en cualquier área de la vida habría sido negar la suprema autoridad de Dios.
Pero, además, a Jesús se le ofrecía la posibilidad de gobernar con la autoridad y la gloria de un imperio semejante al de los romanos. Y él sabía que ésta no era su misión. Sabía también que la Ley de Dios nunca podía imponerse desde fuera en la vida de los hombres y en la sociedad. Jesús no trataba de imponer un nuevo autoritarismo que reemplazara al de Roma. Su reino no iba a ser un gobierno tiránico y cruel, sino algo que brotaría de la nueva e íntima naturaleza de aquellos que formaran parte de él, puesto que servirían y adorarían únicamente a Dios.
Al final de las tres tentaciones surge, en palabras de Benedicto XVI, la gran pregunta: ¿qué ha traído Jesús realmente, si no ha traído la paz al mundo, el bienestar para todos, un mundo mejor? ¿Qué ha traído?
La respuesta, en palabras también de Benedicto XVI, es muy sencilla: a Dios. Ha traído a Dios, y con Él, la verdad sobre nuestro origen y nuestro destino; la fe, la esperanza y el amor.

ALBERTO BENITO

NOTAS PARA LA HOMILIA

 

Libres y tentados
La Palabra de Dios de hoy nos pone en este inicio del camino de la Cuaresma un tema recurrente que aparece machaconamente en cada uno de los textos: la tentación, el pecado, o bien la opción por elegir el camino correcto. Parece una perogrullada querer destacar ya desde el inicio de estas palabras lo que voy a decir, pero me parece fundamental para entender el mensaje de la Palabra: Dios nos ha hecho libres. Es quizás el regalo más grande y el más difícil de conservar y poner en juego… pero nos ha querido hacer también a su imagen en eso, dándonos libertad de opción, poniéndonos todo delante y dejándonos elegir, facilitándonos su ánimo, su orientación, su ayuda, pero dejándonos a veces tomar incluso decisiones tan dolorosas como la de apartarnos de Él; y cuando nuestra vida se había torcido tanto, entonces se hizo hombre para mostrarnos un nuevo modo de ser hombres y mujeres en este mundo sin renunciar a la libertad. Así le vemos hoy, tentado, libre, y optando por lo correcto.
Nosotros también podemos hoy pararnos a hacernos una primera pregunta en este camino de conversión que hemos querido comenzar con toda la Iglesia. ¿Cómo uso yo mi libertad? ¿Opto por Dios, o por otros caminos distintos? La pregunta es muy amplia, lo sé, pero a veces es suficiente como para que cada uno de nosotros en este momento guarde silencio, revise y ore. Pero si queremos ahondar aún más en las posibles tentaciones a las que nos vemos abocados, yo tomaría de nuevo las que aparecen en los textos que se han proclamado:

La tentación de ser jueces
La primera tentación que aparece es la que vulgarmente llama todo el mundo la de la manzanita del pecado original… una lástima, porque ni se habla de manzanas, ni de melocotones… habla el Génesis del árbol cuyo fruto, al comerlo, otorga el conocimiento del bien y del mal. Así dicho, no parece estar mal la cosa. Pero yo creo que nuestra gran tentación no es conocer el bien y el mal –lo cual es sanísimo, por otra parte-; la tentación es tener capacidad de decisión sobre lo que es bueno y lo que no lo es. Y así, si nos paramos a revisarnos, veremos en cuántas ocasiones justificamos lo injustificable, y usamos argumentos aparentemente racionales para acabar dándonos la razón a nosotros mismos, incapaces de reconocer que podríamos hacer las cosas mejor. Y nos permitimos el lujo de hacer lo que nos apetece, y a posteriori incluso argumentamos de forma que hemos decidido que las cosas son así, y así deben ser. Y sin darnos cuenta, hemos caído en la tentación no de querer ser como Dios, sino de constituirnos nosotros en Jueces Supremos.

La tentación de lo material
La primera de las tentaciones a la que Jesús no cede es la de admitir que las piedras se conviertan en panes. Para Él, que empezaba su tarea mesiánica, hubiera sido de gran ayuda caer en la tentación de dejarse llevar por ese milagro para calmar el hambre de la gente. Pero no era el momento, y Él lo sabía. Estaba allí ayunando, en recogimiento, en momento de soledad. El populismo era para otro, no para Él, porque sabía que hay que vivir de más cosas que de lo material.
¿No te suena la tentación? En un mundo en el que repetimos que el dinero no da la felicidad, pero ayuda mucho, y en una sociedad donde a veces la opulencia de unas tierras choca con la extrema pobreza de otra, nos invaden constantemente las ganas de  quemarnos en la batalla, gastarnos en esfuerzos, echar mano de las riquezas… sin acordarnos de que debe haber momentos para el silencio, la escucha, la oración, la Palabra, y el darle tiempo al plan de Dios.

La tentación de servirse de Dios en beneficio propio
A Jesús se le tienta con la posibilidad de dar un “espectáculo” en el templo de tal forma que nadie podría negar su divinidad… pero Él era consciente de su misión, y de los medios que debía emplear para llevarla a cabo. No iba a utilizar su divinidad para exigir la fe.
Los cristianos, sin embargo, ¿no tenemos muchas veces la tentación de usar a Dios en nuestro provecho? Conscientes de nuestra misión en el mundo, hay muchísimos momentos en que le usamos para justificar nuestras torpezas, para ser intolerantes, para cerrarle puertas al que no es como nosotros. Nos cerramos en determinados modos rígidos de pensar, y lo justificamos en Él. Y en otras muchas ocasiones, además, nos quedamos demasiado atascados pensando en nuestra salvación y en lo que pasará si no cumplimos… convirtiendo nuestra fe en un mero ritual.

La tentación de querer hacer que Dios sea demasiado terreno
A Jesús el tentador le promete poder político. Pero Jesús miraba hacia arriba, sabía bien que Dios iba a seguir respetando la libertad de los hombres, pero les invitaba a mirar hacia el cielo y confiar. Nosotros también en muchas ocasiones tenemos la tentación de politizar nuestra fe, de pensar que hay que elaborar estrategias adecuadas, planes de actuación, marcos de referencia, directrices plurianuales, comisiones de seguimiento… y a veces ahogamos el Espíritu al no darnos cuenta que si rezáramos más y planeáramos menos quizás dejaríamos mejor que llegase su Reino. Y tenemos, además, la tentación de pensar que Dios tiene un determinado color político. Y hoy, día que estamos revisando en qué somos tentados, a lo mejor sería bueno que también pensáramos en ello y nos diéramos cuenta de lo ridículo que es pensar de qué color es Dios…

Y nuestras otras tentaciones
…que las hay! Por eso, este primer domingo de Cuaresma, la pregunta fundamental es: ¿qué hago yo con mi libertad? ¿Y cómo reacciono cuando me siento tentado?

 

RAMON  GARCÍA

 

PARA LA ORACION

Abre, Señor, nuestros corazones a tu Palabra, para que reconozcamos el don de la vida que nos has dado y sepamos disfrutarla y hacerla crecer cumpliendo siempre tu voluntad.
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Ponemos ante ti lo mismo que Tú nos entregas y te pedimos que hagas fructificar estos dones para que desde tu presencia y protección seamos capaces de caminar por tus sendas.
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Nuestro corazón se llena de alegría y agradecimiento
porque sabemos cuánto nos amas.
Por amor nos creaste a tu imagen y semejanza,
y por ese amor tan grande quisiste hacernos libres,
confiando en nosotros.
Y cuando en algún momento traicionamos tu confianza
nos enviaste a tu Hijo Jesús para mostrarnos el camino.
por ese amor tan grande, te cantamos dando gracias.
Señor, estar en tu presencia
y unidos en comunidad alrededor de tu mesa
nos llena de fuerza y empuje.

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Te damos las gracias y te pedimos que seamos conscientes de tu ayuda ante la tentación todos los días de nuestra vida

LA MISA DE HOY

SALUDO

Que el Padre del Cielo, que nos regala este tiempo de conversión, esté con todos vosotros

ENTRADA

Bienvenidos a la fiesta de la Eucaristía. Llegamos a ella en este tiempo de Cuaresma recién estrenado aún con nuestros corazones manchados, llenos de ceniza, pero esperanzados, porque Dios nos invita a su casa para celebrar la gran fiesta de la Salvación. Él, que nos quiere regalar una nueva oportunidad de cambiar y de elegir volver a su lado, nos ha preparado hoy sitio en esta celebración. Que esa alegría nos llene y nos anime a sentirnos todos invitados.

ACTO PENITENCIAL

Desde la confianza en que Dios no mira los pecados, sino el arrepentimiento, pidamos que nos perdone.
-Tú que nos regalas la vida, Señor, ten piedad.
-Tú que nos entregas la libertad, aunque podamos equivocarnos al usarla, Cristo, ten piedad.
-Tú, que nunca te cansas de darnos nuevas oportunidades de enmendarnos, Señor, ten piedad

LECTURA NARRATIVA

Una de las primeras realidades a las que se enfrenta el hombre, creado por Dios, es la de la tentación, usar la propia libertad para tener que optar. Querer ser como Dios, en el conocimiento de lo bueno y lo malo, fue la tentación primera, y la desobediencia, lo que llamamos el primer pecado. Escuchemos el libro del Génesis.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 50)
Misericordia, Señor: hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado
Misericordia, Señor: hemos pecado.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces
Misericordia, Señor: hemos pecado.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
Misericordia, Señor: hemos pecado.
Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
Misericordia, Señor: hemos pecado.

LECTURA APOSTÓLICA

La Historia de la Salvación es una constante ida y vuelta… el hombre que se aleja de Dios, Dios que se acerca al hombre… hasta que ese acercamiento y su salvación se hacen definitivos, y eso ocurre al encarnarse en Jesús, que siendo él justo nos justificó. Así lo anuncia Pablo:

LECTURA EVANGÉLICA

También Jesús, siendo hombre, fue tentado como nosotros. Pero nos mostró una actitud nueva ante la tentación: mirar hacia arriba, al Padre, y preguntarse qué es lo que Él espera de nosotros. Fiel a su misión, escuchemos cómo Jesús nos propone responder a las tentaciones.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Con la confianza puesta en que Dios siempre nos escucha y en el gran amor que nos tiene, dirijámosle nuestras plegarias diciendo: Te lo pedimos, Señor.

-Por la Iglesia. Para que cuantos la formamos nos sintamos realmente la gran familia de los que seguimos a Jesús, y nos esforcemos cada uno y como comunidad por vivir a su estilo, renunciando a cuantas actitudes y medios nos aparten de nuestra auténtica misión. Pidámoslo juntos.
-Por los que rigen los pueblos y las sociedades. Para que respeten la libertad de los ciudadanos, y ordenen su gobierne hacia la leal y justa convivencia de todos, creando cauces de mayor fraternidad y solidaridad. Pidámoslo juntos.
-Por los educadores. Para que sepan crear conciencia del gran valor de la libertad, y al mismo tiempo enseñen a respetar la libertad del otro. Y para que creen en los educandos recursos válidos que les ayuden en los momentos de tener tentaciones. Pidámoslo juntos.
-Por los que sufren. Para que no pierdan la esperanza ni caigan en la tentación del derrotismo. Y para que cuantos estamos a su alrededor no caigamos en la tentación de lavarnos las manos ante su dolor, sino que compartamos con ellos su sufrimiento, soledad o esfuerzo, de cara a superarlo o paliarlo. Pidámoslo juntos.

Escucha, Señor, lo que te pedimos, y dirige nuestros corazones para que siempre sepamos mirar hacia ti y pedir cuanto nos conviene. Te lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo, Nuestro Señor.

RAMON  GARCÍA

CANTOS PARA LA CELEBRACION

Nota.—Convendría aprovechar este tiempo para ensayar, sobre todo las antífonas y aclamaciones sencillas y un par de cantos.
Entrada: Cómo le cantaré al Señor (del disco «Mis canciones», de Cantalapiedra); Gloria a Cristo Señor (Canto de Entrada para Cuaresma, tomado del disco «Cantos para participar y vivir la Misa», de C. Erdozain).
Acto Penitencial: Kyrie gregoriano (I CLN‑B 1).
Salmo: Crea en mí, oh Dios (CB-478) o el salmo de Espinosa Perdón, Señor (I CLN‑508).
Antífona antes del Evangelio: LdS o Tu palabra me da vida.
Ofrendas: Quizá el silencio puede ser muy elocuente en este día.
Santo: El mismo que se esté ensayando.
Comunión: No adoréis a nadie (de Luis Alfredo Díaz); No podemos caminar (O 13); Como le cantaré al Señor (si no se ha cantado al inicio),
Final: Silencio o Música gregoriana o polifónica distinta para significar el tiempo cuaresmal.

 

 

 

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