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Objetivos

1. HACIA UNA PARROQUIA MISIONERA
En palabras de Juan Pablo II, la Parroquia no es principalmente una estructura, un territorio o un edificio. La Parroquia es “la familia de Dios, como una fraternidad animada por el Espíritu de la unidad, es una casa de familia, fraterna y acogedora, es la comunidad de los fieles”. La comunidad eclesial, aún conservando siempre su dimensión universal, encuentra su expresión más visible e inmediata en la Parroquia. Ella es la última localización de la Iglesia; “es, en cierto sentido, la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas” (Christifideles Laici, 26).

2. PUNTO DE PARTIDA
2.1. LA CULTURA DE LA INCREENCIA
Avanza por el país una “increencia generalizada”, una cierta “apatía” o indiferencia religiosa, asumida por la cultura ambiente. Se la puede describir como: “Una confusión heredada, un distanciamiento de las raíces y una perplejidad ante la religiosidad oficial de la Iglesia como un subproducto cultural”. Este gran vacío religioso transmite inseguridad y desconfianza frente a todo sistema de valores, frente a las instituciones y al mismo sentido de la vida. De las personas que viven este tipo de indiferencia religiosa dice McAULEY: “Los cuales ni piensan, ni sueñan, ni niegan, ni dudan; simplemente no tienen ni idea”. Esta increencia pasiva lleva a la anemia religiosa, al vagabundeo espiritual, aun secularismo marginador y a una desolación cultural. La crisis ataca, no tanto al Credo, cuanto a la sensibilidad y a la imaginación; manipula y distorsiona la realidad y provoca el “eclipse de Dios” (Cf. MICHAEL PAUL GALAGHER: “Selecciones DE Teología”). Esta situación presenta a la Iglesia los siguientes retos:
2.1.1. La despersonalización del hombre
Se propaga una imagen despersonalizada del hombre como consecuencia de subsiguientes reducciones en cadena: de lo espiritual a lo psíquico, de los psíquico a lo biológico, y de los biológico a lo puramente químico. En definitiva, el hombre queda reducido a una máquina más o menos perfecta; de sujeto pasa a puro objeto. Se le programa para trabajar, consumir y disfrutar sin otra perspectiva. En este hombre, subproducto manipulado, no hay donde sustentar valor humano alguno y sobreviene la pérdida de todo sentido ético y moral.
2.1.2. Un cristianismo sin comunidad
Por ósmosis cultural todo lo anterior se va colando dentro de nuestra Iglesia. Se está incubando una confusa vivencia del cristianismo, que no admite ni valora la importancia de la comunidad, como ámbito con valor salvífico. No hay interés alguno por el Pueblo de Dios y se rechaza la Iglesia como institución: “Yo creo en Dios, pero no en la Iglesia”.
2.1.3. Un cristianismo sin compromiso
“Creer es comprometerse” decía con acierto un librito de hace algunos años. La fe cristiana sólo lo es en plenitud cuando existe coherencia entre la fe y la vida. Sin embargo, muchos católicos viven este divorcio fe-vida con asombrosa facilidad. El mundo de la enseñanza, de la empresa, los negocios, la política, lo enfocan muchos sin tener en cuenta la coherencia necesaria entre la fe que se profesa y la vida que se vive.
2.1.4. Un cristianismo sensible y emotivo
Se corre el peligro de reducir lo religioso a puro sentimiento. Embargado por la emoción intimista, el creyente renuncia a otras dimensiones de la fe, derivando a una pura emoción estética ante la contemplación intimista del misterio de Dios o la grandiosidad del culto o de las ceremonias religiosas.
2.1.5. Un cristianismo privado:
Para muchos la fe es un asunto privado y no tiene palabra válida para el ámbito de los público. Son todavía muchos los que mandan a la Iglesia a la sacristía, cuando ésta actúa críticamente sobre el orden temporal; la acusan de estar politizada o piensan que la Iglesia se mete en lo que no le compete.
2.1.6. Una parroquia carente de dinamismo misionero
• La Parroquia: centro de servicios religiosos
Nuestra Parroquia sigue utilizándose fundamentalmente como un centro de servicios religiosos.
• Raquitismo comunitario
Pasan los años y la comunidad no crece ni cuantitativa ni cualitativamente. No se dan nuevas incorporaciones de alejados.
• Narcisismo apostólico
La Parroquia permanece encerrada en sí misma. Y los grupos giran alrededor de sí mismos, sin incidencia, ni parroquial ni social.
2.2. SE ABREN NUEVOS CAMINOS
Constatamos que están apareciendo unas minorías con un estilo nuevo de vida cristiana que se caracteriza por estos rasgos:
Dinamismo evangelizador: mejor formación bíblica, teológica y pastoral; recuperación de la misión entre los alejados.
Corresponsabilidad laical: participación activa en las diversas tareas y compromisos pastorales.
Encarnación y sensibilidad con los problemas de justicia y caridad en el entorno y en el mundo: voluntariados, nuevo estilo de Cáritas...
Y en general constatamos que en las comunidades cristianas hay mayor nivel de conciencia cristiana, de corresponsabilidad y participación, y de empeño solidario con los problemas sociales.
La Parroquia, en definitiva, será una verdadera “comunidad creyente”, cuando se sienta comunidad evangelizadora, organizada, participativa en la celebración de la fe, fraterna y solidaria.

3. UNA RESPUESTA COMÚN: LA PARROQUIA CENTRO DE MISIÓN
Puntos básicos para esta nueva Parroquia serían:
• Urgencia del anuncio misionero.
• Fundamentar la fe de los cercanos.
• Acercarse a los alejados.
• Promover la justicia y la caridad.
De todo lo anteriormente expuesto, formulamos nuestros objetivos.

4. OBJETIVO GENERAL Y OBJETIVOS ESPECÍFICOS
4.1. OBJETIVO GENERAL
La Parroquia hace una clara opción misionera y evangelizadora, que nos lleve a crear una comunidad cristiana viva, con la promoción de un laicado corresponsable y organizado, en un verdadero compromiso humano de acogida y servicio al pueblo, en diálogo permanente con la cultura ambiente, y en colaboración efectiva con quienes intentan transformar la realidad.
4.2. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
�� La Parroquia promueve la fraternidad al servicio de la misión.
�� El carácter misionero de la Parroquia intenta conseguir una conversión inicial a Dios y la adhesión global a Jesucristo con el primer anuncio del Evangelio y los procesos misioneros para alejados en la fe y los no cristianos.
�� La Parroquia potencia los procesos los procesos catequéticos de inspiración catecumenal.
�� La Parroquia proyecta la Vida y Acción Pastoral desde el “dinamismo misionero”:
�� La Parroquia programa el conocimiento, reflexión, contemplación y oración de la Palabra de Dios.
�� La Parroquia realzará los tiempos fuertes y las acciones litúrgicas, de modo especial la Eucaristía, fuente y cumbre de la comunión parroquial y con toda la Iglesia local y universal.
�� La Parroquia favorecerá la creación de pequeñas comunidades al servicio de la comunión e la fe, la solidaridad y el compromiso misionero.
�� La Parroquia resitúa a los laicos como directamente corresponsables en la tarea evangelizadora de la Iglesia, desde la base sacramental del Bautismo y la Confirmación. La Parroquia apuesta por un laicado que tome conciencia de su lugar en la Iglesia y vea la necesidad de formarse y asumir las responsabilidades en la misión y tareas propias de la Comunidad Parroquial e Iglesia Diocesana.
�� La Parroquia extremará su capacidad de acogida y servicio al pueblo, especialmente a los más débiles y necesitados, y colaborará con cuantos trabajan solidariamente por la paz y la justicia.
�� La Parroquia dialoga con la nueva cultura ambiente.

5. CRITERIOS Y ACCIONES DE LA PARROQUIA MISIONERA
5.1. LA PARROQUIA CENTRO DE ESPIRITUALIDAD
5.1.1. Criterios
�� Una Parroquia en comunión con la Iglesia Universal.
�� Una Parroquia integrada en la Iglesia Diocesana:
• Fiel al magisterio y directrices del Obispo.
• Hace suyo el Proyecto Diocesano y colabora en los planes pastorales de la Diócesis.
• Participa en programas y actividades comunes de la Vicaría episcopal territorial y Arciprestazgo.

5.1.2. Líneas de acción
�� Convocar a todos los bautizados: a ellos corresponde responder libremente.
�� Partir siempre de la mayoría de los que “no saben”, “no pueden”, “no tienen”,...
�� Tener en cuenta lo que existe, sin destruir nada; invitar a todos hacia objetivos comunes.
�� Promover la conciencia básica de “ser hermano”: “Uno sólo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23, 8).
�� Fomentar el sentido de comunidad, como consecuencia de la vocación bautismal.
�� Promocionar la participación: Todos valen para algo. Contar con todos. Distribuir el mayor número de responsabilidades entre el mayor número de personas. “Es mejor que entre muchos hagan poco, que entre pocos hagan mucho”.
�� Ejercitar la corresponsabilidad según carismas y vocaciones específicas: comunión en la diversidad.
�� Caminar “a una”, con un ritmo que abarque lo más posible a todos.
�� Construir no tanto mirando hacia atrás, sino atraídos por el futuro que se desea (poder animador de la utopía y de la santidad).
�� En definitiva, ser símbolo profético y utópico en el entorno humano-social.
5.2. LA PARROQUIA COMO ÁMBITO DE FRATERNIDAD Y COMUNIÓN
5.2.1. Criterios
Una preocupación y tarea permanente de toda pastoral parroquial será insistir al máximo que la Iglesia es Pueblo de Dios, y, en consecuencia, comunidad fraterna, en la que el título de “hermano” adquiere un singular relieve. El Concilio Vaticano II ha presentado el misterio íntimo de la Iglesia como “comunión”, es decir, como señal de la íntima unión con Dios y de la unidad de los seres humanos entre sí. La Trinidad es fuente y fundamento de la vida eclesial: “Consumada la obra que el Padre encomendó realizar al Hijo sobre la tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés, a fin de santificar indefinidamente a la Iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Espíritu... Y así toda la Iglesia aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (LG, 4).
Esta dimensión comunitaria ha de ser vivida en la Parroquia a todos los niveles: en la organización interna, en su despliegue entre el vecindario, en su relación con el Arciprestazgo, la Iglesia Diocesana y Universal y con la familia redentorista. Y esto, no por táctica o como estrategia organizativa, sino como exigencia del ser e identidad misma de la Iglesia.
Para evangelizar con acierto y coherencia es imprescindible el testimonio comunitario de la “común-unión”. Por muy importantes que puedan ser las acciones y los gestos de los creyentes individualmente, el impulso y la incidencia de la Evangelización recaen en la comunidad. Por eso, donde no se construye fraternidad y comunión, se está obstaculizando de raíz la Evangelización.
El ideal posible y alcanzable son esas comunidades vivas en las que “la vida interna -la vida de oración, la escucha de la Palabra, y de las enseñanzas de los apóstoles, la caridad fraterna vivida, el pan compartido- no tiene pleno sentido mas que cuando se convierte en testimonio, provoca la admiración y la conversión, se hace predicación y anuncio de la Buena Nueva” (EN, 15).
Por tanto, nuestras Parroquias no pueden ponerse al servicio de la Evangelización, si no van transformándose de centros de servicios religiosos en comunidades vivas de creyentes, es decir, en ámbitos donde las personas puedan vivir realmente la experiencia de la fraternidad.
5.2.2. Líneas de acción
�� Crear verdadera y arraigada conciencia de que todos somos hermanos en todos los niveles de la actuación parroquial.
�� Potenciar lo comunitario, motivando actitudes de apertura y comunión, presentando lo comunitario como el principal valor personal, creando convocatorias para que el conjunto del pueblo experimente expresamente la fraternidad.
�� Presentar la Parroquia como espacio abierto de acogida, encuentro y familia. Cuidar los lugares y el talante de la acogida.
�� Motivar y ejercitar la corresponsabilidad con real participación y compromiso de sacerdotes y laicos. El Consejo Pastoral será el máximo exponente de la coordinación y
animación pastoral. Y se potenciarán las Asambleas Parroquiales, no sólo para la programación y evaluación del Proyecto Pastoral Parroquial, o para asuntos internos, sino también para el tratamiento de problemas cívicos del vecindario.
�� Construir un buen entramado de relaciones entre los pequeños grupos y comunidades, de modo que la Parroquia constituya una verdadera “comunión de comunidades”, “la familia de Dios” animada por el Espíritu de unidad.
�� Procurar un camino conjunto y un crecimiento progresivo de la comunidad total, englobando a todos en un mismo proceso convergente, evitando protagonismos injustificados, posturas sectarias, capillismos o complejos de superioridad por pertenecer a un grupo de vanguardia... Desentendiéndose del conjunto, no se construye fraternidad.
5.3. LA PARROQUIA COMO CENTRO DE EVANGELIZACIÓN
5.3.1. Criterios
Estamos ante una de las tareas prioritarias de la Parroquia. La Evangelización es la base de la dinámica parroquial. Comprende:
• El anuncio explícito del mensaje a todos. Es la comunidad la que se evangeliza a sí misma y, al mismo tiempo, se proyecta hacia el mundo de los alejados o indiferentes.
• La adhesión del corazón y la conversión.La formación de una comunidad parroquial fraterna.
• El testimonio de la comunidad cristiana por la conexión fe-vida.
• La acogida y participación en la vida sacramental.
• Las nuevas iniciativas pastorales y ministeriales por parte de quienes ya han aceptado el Evangelio.
• La inserción y transformación de las realidades temporales por la fuerza de los criterios evangélicos.
A la luz de estos criterios se han de orientar los esfuerzos y actividades que en este campo se realicen. La Nueva Evangelización acaba con un estilo de “Parroquia de cristiandad” y nos sitúa en una perspectiva con las siguientes líneas de acción:
5.3.2. Líneas de acción
5.3.2.1. La Acción Misionera
Es la acción evangelizadora destinada a quienes no conocen el Evangelio y “toda una muchedumbre, hoy día muy numerosa, de bautizados, que en gran medida no ha renegado de su bautismo, pero están totalmente al margen del mismo y no lo viven” (EN, 56).
La acción misionera se desarrolla a través del testimonio y compromiso de los creyentes; la invitación personal y amiga; el anuncio explícito, como la Misión parroquial, las Misiones populares o los Cursillos de Cristiandad; cuidado y esmero en las celebraciones; catequesis presacramentales; encuentros, convivencias y concentraciones varias que se programan desde la Parroquia.
5.3.2.2. Los catecumenados de iniciación
Los catecumenados son catequesis esenciales y básicas de iniciación al Evangelio para reinsertarse en la comunidad cristiana y ser levadura transformadora en medio de la sociedad. Hay dos modelos de iniciación:
• Iniciación de niños y preadolescentes: como proceso creciente hacia el catecumenado de jóvenes y adultos.
• Catecumenado de jóvenes y adultos: Es una catequesis básica, sistemática, integral y gradual, que tiene un principio y un fin. El iniciando, terminado el itinerario catecumenal, se incorpora activa y definitivamente a la Comunidad parroquial y recibe el nombre de “iniciado” o “reiniciado”.
La esencia de la Catequesis de jóvenes o adultos no reside tanto en una formación exhaustiva (que también), cuanto en la iluminación cristiana de la existencia y en una progresiva conversión al Evangelio. El catecumenado de adultos tendrá en cuenta las orientaciones de la Comisión Episcopal de Catequesis y los pasos graduales de la Acción católica.
5.3.2.3. La Vida Pastoral
Terminado el catecumenado de jóvenes o adultos, la vida de la Comunidad necesita del continuo alimento de la Palabra y los Sacramentos. Se impone, por tanto, otro tipo de Evangelización orientada a la profundización e irradiación del Evangelio hacia la sociedad y la vida de sus miembros. Son de destacar las revisiones de vida, Ejercicios Espirituales, Retiros, convivencias, catequesis vocacional, sacramental o de situaciones concretas. El estudio, reflexión y oración bíblica; catequesis ocasionales de acontecimientos sociales interpelantes o en relación con la inserción e influjo transformador de la sociedad desde los valores evangélicos.
5.3.2.4. Pastoral Vocacional
Dentro de la Pastoral Juvenil y de la Acción Pastoral conjunta de la Parroquia, ha de existir una Pastoral Vocacional específica.
Toda la comunidad sentirá como propia la preocupación pastoral de suscitar, acoger y acompañar las posibles vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal.
5.3.2.5. El protagonismo evangelizador de los laicos
La Evangelización es tarea de toda la Comunidad parroquial. “Evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar” (EN, 14). En este sentido, la colaboración de los laicos es fundamental y absolutamente necesaria. Por eso, urge cuidar la capacitación técnica y espiritual de los laicos para la nueva Evangelización. Corresponde a los presbíteros animar y colaborar activamente en esta preparación, así como hacerse presentes en los grupos, celebrar la Palabra o la Eucaristía con ellos y acompañarlos en algún taller de oración.
Si queremos un laicado que madure su fe y ejerza su protagonismo evangelizador, debemos promover y organizar la formación de catequistas y monitores a través de las Escuelas de Catequistas, Escuelas de Padres y cursos de formación (Biblia, teología, moral, catequética, oración, dinámica de grupos, técnicas de transmisión del mensaje...).
Los sacerdotes deben evitar la presencia directa en las sesiones catequéticas para no crear dependencia y posibilitar el crecimiento y la adultez en la fe de Catequistas y Monitores..
5.4. LA PARROQUIA LUGAR DE CELEBRACIÓN DE LA FE
5.4.1. Criterios
Evangelización, celebración y compromiso transformador, son tres dimensiones de la única misión de la Iglesia, como “sacramento de salvación” en medio de la sociedad. Proclamar la fe, creerla en el corazón y celebrarla, no son momentos eclesiales que puedan separarse entre sí y mucho menos contraponerse. “La finalidad de la Evangelización es precisamente la de educar en la fe, de tal manera que conduzca a cada cristiano a vivir -y a no recibir de modo pasivo o apático- los sacramentos de la fe” (EN, 47).
Evangelización y Liturgia son inseparables. El Concilio Vaticano II afirma que “la Eucaristía aparece como la fuente y la culminación de toda la Evangelización (PO, 5).
En la Parroquia hay o puede haber diferentes grupos con distintos objetivos y opciones. En la Misa dominical, en cambio, todos debemos juntarnos para ofrecer nuestras actividades y recibir de nuevo el impulso del Espíritu. En la Parroquia hay distintos niveles de fe, desde los que se están iniciando hasta los cristianos más maduros. En la Eucaristía del Domingo, por el contrario, todos deben unirse para compartir la fe y enriquecerse con el testimonio mutuo. En la Parroquia existen diferentes clases de personas: hombres, mujeres, niños, jóvenes, adultos y ancianos, personas con trabajo o en paro... El Día del Señor todos deben vivenciar especialmente que son hijos de Dios formando una sola familia. La Comunidad hace la Eucaristía y ésta fortalece a la comunidad. Eucaristía y comunidad se engendran mutuamente, se exigen y corresponden.
Otro tanto cabe preguntarse acerca del resto de las celebraciones sacramentales. Sin una liturgia viva, no se da una Parroquia renovada. Celebramos creativa y festivamente los diferentes sacramentos, incorporando los hechos significativos de la vida y los acontecimientos del entorno y del mundo.
En una liturgia viva y participada se nota que es toda la comunidad la que celebra. Las celebraciones han de ser ocasiones propicias para experimentar religiosamente la vida y para acentuar los compromisos personales y comunitarios. Por tanto es necesario hacer una especial esfuerzo para que las celebraciones animen significativamente la fe de quienes asisten.
En el marco celebrativo de la fe, María aparece como la primera creyente, que acoge y presenta la Palabra. Por ello celebramos a María acompañando la actualización del misterio de la redención a los más débiles y abandonados.
He aquí algunas pistas:
5.4.2. Líneas de acción
�� Celebrar los sacramentos como consecuencia de un proceso evangelizador y no rutinariamente. Para ello hay que superar problemas y dificultades que todavía subsisten: masificación, pasividad, monotonía, individualismo, lenguaje inasequible, falta de
adaptación y creatividad en los símbolos y los signos, insuficiente participación, ausencia de ministerios laicales y desconexión entre celebración y vida.
�� Crear ambiente fraternal y profundidad vivencial, cuidando los espacios y la acogida.
�� Potenciar la participación de los laicos en el despliegue de ministerios y servicios (equipos al servicio de la liturgia, Hoja eucarística,...), aunque el sujeto de la celebración es el pueblo de los bautizados convocados en Asamblea. Estos equipos están al servicio de la Asamblea y promueven la participación de todos.
�� Formar la conciencia moral de los creyentes fomentando el arrepentimiento y la conversión, y potenciando las Celebraciones Comunitarias de la Penitencia.
�� Descubrir la riqueza del Año Cristiano y de la Liturgia de las Horas y celebrar alguna de las Horas principales en tiempos fuertes, domingos y fiestas.
�� El buen desarrollo de las celebraciones depende en gran parte de quien preside. El papel del presidente es decisivo.
�� Cercana en estilo y talante a las celebración de la fe está la oración. Es muy importante la educación y los ritmos de oración en nuestras Parroquias.
�� Recoger todo lo válido de la religiosidad popular y celebrarlo creativamente.
�� En línea con nuestra rica tradición mariana, celebramos con esmeros las fiestas marianas del lugar y de manera especial la advocación de Nuestra Señora de la Cueva.
5.5. LA PARROQUIA PROMUEVE LA JUSTICIA Y LA CARIDAD
5.5.1. Criterios
El talante cristiano de toda Parroquia le exige ser Iglesia del Pueblo en un lugar concreto, comprometida con su liberación, promoción y desarrollo. Todo cuanto contribuye a la mejora de la sociedad interesa al Reino de Dios (Cfr. GS, 39).
Por eso los creyentes de una comunidad parroquial deben testimoniar la caridad de la Iglesia, derivada de la caridad de Cristo, y ello implica promover la justicia, la solidaridad, la comunión y la paz. Sólo así la Comunidad cristiana puede ser significativa y creíble en medio de la sociedad.
La acción en favor de la justicia y la caridad es la “otra cara” de la Evangelización. Ésta pretende una liberación total del ser humano en todas sus dimensiones, incluida la política.
Sensible a la opción de Dios por los pobres, la Iglesia ha ejercido la función caritativa desde las primeras comunidades (Hc 6,1-6; Rom 15,25-27; 2Cor 8,2-4; 9,1-3). La ha entendido como un servicio total, fundada en la diaconía del Señor y de su Reino, formando parte de la liturgia dominical y siendo un testimonio incluso con los no creyentes. Sin compromiso de justicia y caridad no hay verdadera comunidad cristiana. Un test de fe auténtica es la caridad vivida y la preocupación efectiva por la justicia.
A la Parroquia nadie debería ganarle en humanidad, porque la fe en Jesús nos indica con claridad que no es voluntad de Dios que sus hijos vivan en condiciones infrahumanas y que haya injusticias, explotación y desigualdades hirientes. La fe cristiana no puede conducir nunca a vivir tranquilamente sin amar efectivamente al prójimo. Al contrario, la caridad contrastada y la lucha por la justicia proporcionan una marca de calidad a la fe. Si ésta no es una fuerza transformadora ¿Qué sentido tiene? No es coherente la separación fe-vida. La fe sin obras está muerta (Sant
2,16.26). La Parroquia ha de ser una “comunidad samaritana” y ha de formar en la acción por la justicia y la caridad.
Toda la comunidad es Cáritas. Y Cáritas es el cauce de la caridad de toda la Comunidad parroquial. Por lo tanto, los equipos de Cáritas no actúan a título personal, sino en nombre de toda la comunidad, promoviendo la solidaridad como un hecho comunitario. La Parroquia no puede dejar a nadie fuera del amor afectivo y efectivo. Ha de saber estar con los últimos, servir a los nuevos pobres, ser voz de los sin voz, ser rostro, manos y Palabra de Dios salvador, cuando faltan todos los demás signos de la fraternidad humana. En ello se juega la fidelidad a Jesucristo y la credibilidad de la Iglesia.
5.5.2. Líneas de acción
�� La Parroquia ha de asumir un compromiso activo de denuncia y lucha contra las diversas situaciones de pobreza y marginación y también contra el fraude y la corrupción, como comportamientos antievangélicos de la vida individual y pública.
�� En el empeño por promover la JUSTICIA Y LA SOLIDARIDAD nuestras parroquias deben estar especialmente sensibles para prestar especial atención a los INMIGRANTES elaborando un programa de acogida y de promoción tanto en las necesidades humanas como en la educación de la fe.
�� La Parroquia debe promover de hecho el compromiso social de los cristianos en la vida pública. Así mismo, hará tomar conciencia sobre las necesidades de los países más pobres, apostando, por ejemplo, por el 0,7 del PIB. En definitiva, ha de destacar por ser defensora de la dignidad y derechos humanos.
�� Un modo operativo de promover la justicia y la caridad es Cáritas Parroquial, que debe ser un organismo vivo y bien organizado, con un papel de asistencia y promoción y también de educación y sensibilización social.
�� Cáritas y Asociación para la Solidaridad crean y animan los diferentes grupos solidarios.

6. UNA PARROQUIA FERMENTO DE NUEVA HUMANIDAD
• La Parroquia conoce la realidad, los problemas y las aspiraciones de las personas que viven en su territorio.
• Sensibiliza a los cristianos sobre su responsabilidad en la transformación de la sociedad, a través de conocimiento y aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia.
• Fomenta, educa y acompaña el compromiso social y político de los cristianos.
• Defiende la dignidad y los derechos fundamentales de la persona, cuando éstos son conculcados.
• Favorece y acompaña la acción asociada de los laicos para evangelizar la familia, la cultura, el mundo social y político, y el de los medios de comunicación social.
• Se encarna en la idiosincrasia, lenguaje y costumbres de su sector humano, para poder evangelizarlo desde dentro.
• Cuida su patrimonio artístico y documental, y procura utilizarlo al servicio de la Evangelización.

7. ALGUNAS ESTRUCTURAS AL SERVICIO DE LA PARROQUIA
• LA ASAMBLEA GENERAL, como expresión más plena de la comunidad corresponsable. Con carácter ordinario se reunirá al menos dos veces a principio y final de Curso para programar y evaluar el Proyecto Pastoral. Pueden darse otras Asambleas con carácter extraordinario, siempre que así lo requiera el Consejo Pastoral.
• EL CONSEJO PASTORAL, representación de todos los grupos de la Parroquia, máximo órgano de coordinación, animación y gestión parroquial entre Asambleas. El Consejo Parroquial funciona como plenario; pero también puede elegir un Comisión permanente.
• EL CONSEJO ECONOMICO: Su constitución es obligatoria (CIC 537). Ha de funcionar de acuerdo con las directrices diocesanas y al servicio de la Evangelización.
• CAUCES DE COMUNICACION entre diversas áreas y grupos parroquiales y con el conjunto del Pueblo de Dios y del vecindario. En concreto:
• Grupo de comunicación: coordina la información y la publicidad hacia el interior y exterior de la Parroquia, elabora la Hoja Parroquial y posibilita todo tipo de comunicación entre grupos y áreas parroquiales o diocesanas.
• Enlaces o delegados de portal para hacer más viable la comunicación entre todos los vecinos.
Al principio del curso cada parroquia elaborará los objetivos para ese curso, las líneas de acción y el calendario de Acciones Parroquiales.

 

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